jueves, 3 de julio de 2008

Método Kumon: Matemáticas en casa


Muchos niños detestan las matemáticas, y puede que tu hijo sea uno de ellos. Ni le gustan ni le interesan, y tú prevés dificultades con esta asignatura en los próximos años. Antes de que lleguen los problemas prueba con el método Kumon, un sistema que garantiza el aprendizaje de las matemáticas. ¿Cómo lo consigue? Desarrollando la capacidad de concentración y la confianza en el propio trabajo... entre otros aspectos.

Toru Kumon, profesor japonés de matemáticas, es el fundador de este método individualizado de matemáticas. Cuenta con más de 40 años de experiencia y se ha aplicado con resultados eficaces a más de 10.000.000 de alumnos. Actualmente, hay Centros Kumon en 45 países, que agrupan a más de 3.500.000 de personas matriculadas. El objetivo del método Kumon es desarrollar al máximo el potencial aprendizaje de cada alumno, estimulando y desarrollando capacidades como:
Concentración
Hábito de estudio diario
Gran capacidad matemática
Rapidez y agilidad en el cálculo mental
Autocorrección
Deseo de aprender por uno mismo
Confianza en los propios conocimientos
Razonamiento lógico

En Kumon, el alumno puede empezar cuando sólo tiene dos años o en cualquier momento durante la infancia o la edad adulta, dado que es un método totalmente individualizado en el cual cada alumno avanza en función de sus capacidades y de su rendimiento.

El Programa Kumon está estructurado en una secuencia de hojas de ejercicios diseñadas para capacitar a los alumnos a progresar de forma natural y a que adquieran los conocimientos que les permitan avanzar sin lagunas. Los ejercicios van desde el trazado de líneas para los preescolares hasta las matemáticas universitarias.

La metodología de trabajo se desarrolla sobre la base de:


  • El primer día que el alumno acude a un centro Kumon se le realiza un test de diagnóstico que identifica su nivel de dominio del cálculo. A partir del resultado de este test se comenzará a trabajar programándole una tarea adecuada para él.

  • Un punto de partida fácil, de manera que el alumno resuelva bien todos los ejercicios y pueda aumentar o mejorar su autoestima frente al trabajo y sus deseos de seguir aprendiendo.

  • El alumno estudia los puntos básicos de cada tema tantas veces como sea necesario para obtener una base sólida que asegure un dominio completo del tema presentado.

  • El avance viene determinado por el número de errores y el tiempo total de resolución de cada hoja de trabajo según unos parámetros establecidos.

  • El alumno realiza diariamente sus ejercicios en casa y en dos sesiones semanales en el centro Kumon al que asiste. El tiempo que emplea diariamente para realizarlos es de entre 10 y 20 minutos, siete días a la semana, de manera que adquiere un hábito de trabajo que le permite avanzar no sólo en matemáticas sino en otras materias.

  • El autoaprendizaje se consigue introduciendo cada nuevo tema de forma paulatina con ejemplos que permiten al niño razonar sus respuestas y resolver sus ejercicios sin ayuda externa.

  • El seguimiento de los padres en el proceso, cuando se trata de un alumno en edad escolar, es determinante para el éxito del programa dado el estímulo positivo que le supone a un alumno la valoración y reconocimiento de esfuerzos por parte de sus padres.
La labor fundamental del centro Kumon es: facilitar un ambiente óptimo de trabajo y de estímulo personal, hacer un seguimiento personalizado del alumno, ayudando a los padres (si es un niño en edad escolar) a que se involucren en el aprendizaje de sus hijos, y ofrecer un soporte pedagógico adecuado a las necesidades de cada alumno.

En la actualidad, los centros Kumon se encuentran abiertos entre dos y cinco días a la semana, en los cuales el alumno acude en horario libre. Igualmente, Kumon es ofrecido como actividad extraescolar en un gran número de colegios. Kumon proporciona al colegio el material didáctico y profesores cualificados para desarrollar la actividad.

Kumon es un método de aprendizaje basado en las matemáticas que funciona, y funciona bien. Con un pequeño esfuerzo diario y constante, el alumno logra dominar las matemáticas, mejorar en otras asignaturas y conseguir un nivel de autoestima inmejorable. Esta autoestima se logra por la confianza en los conocimientos adquiridos y por la capacidad de minimización de esfuerzos y de resolución de trabajo y que Kumon proporciona.


Carmen Herrera García
Profesora de Educación Infantil y Primaria
publicado en www.solohijos.com
más sobre el Método Kumon

¿Cómo desarrollar una identidad personal en los adolescentes?

Todas las personas, en todas las edades de la vida, necesitan un mínimo de autoestima bien entendida. La necesitan para confiar en las propias posibilidades y estar así siempre dispuestas a hacer nuevas y mejores cosas, para evitar posibles estados interiores de inseguridad e inferioridad. Pero hay que estar prevenidos frente a la falsa autoestima, que es egolatría, autocomplacencia, autosatisfacción y permisividad, especialmente cuando nuestros hijos se encuentran en plena adolescencia.


En la etapa adolescente (etapa de los cambios bruscos en el desarrollo físico, de los miedos, de las dudas, de las indecisiones, de los complejos, de la inseguridad), suele aumentar considerablemente la necesidad de autoestima. En algunas investigaciones recientes se ha comprobado que la mayor o menor autoestima influye significativamente en la motivación y en el rendimiento académico de los adolescentes.

Pero una cosa es reconocer que cierto grado de autoestima es conveniente y otra muy diferente considerar que la autoestima lo es todo en la vida o que es lo más importante. Del mismo modo: una cosa es favorecer las condiciones para que la autoestima se desarrolle de un modo natural y otro muy diferente es provocar artificialmente una autoestima que, además, no es real.

En algunos países (sobre todo en Estados Unidos) se ha puesto de moda últimamente la preocupación por la autoestima, hasta el punto de hacer de ella una obsesión. Desde algunas "nuevas" posturas psicológicas que pretenden resucitar las viejas teorías permisivas del psicoanálisis, se está intentando asustar a los padres y profesores con un "mal terrible" que acecha a sus hijos o alumnos: la falta de autoestima. Y para evitar que estos últimos lleguen a ser víctimas de ese mal, se recomienda a sus educadores desarrollar artificialmente y a corto plazo la autoestima de los niños y de los adolescentes con los procedimientos que expongo a continuación.Todos los procedimientos están orientados al logro de un único objetivo: fortalecer el ego de los educandos para que se sientan bien consigo mismos:

Alabar a los hijos o alumnos por sistema, con independencia de su comportamiento. No importa que fracasen en sus estudios a causa de su vagancia; no importa que maltraten a sus padres y hermanos; no importa que derrochen el dinero y que vivan sólo para satisfacer sus gustos y caprichos personales, sin pensar en las necesidades de los demás. Lo único que importa es que se quieran cada vez más a sí mismos.

No culpabilizarlos nunca de nada, suceda lo que suceda (para que no pasen por la humillación de sentirse avergonzados).

No cuestionar ni criticar nunca lo que dicen o hacen (para que evitar que se enfaden).

Rebajar los ideales de vida (para que luego no sufran posibles decepciones).

Rebajar la exigencia todo lo que se pueda. Llegar a la tolerancia total o casi total. Todo vale, todo está permitido (para que puedan actuar siempre de acuerdo con el valor supremo: la espontaneidad).

Estos padres tan indulgentes con sus hijos suelen ser los mismos que esperan de ellos solamente una cosa: que triunfen en la vida como sea (que tengan un rápido éxito económico conducente al bienestar material y al brillo social). Esperan que triunfen en una sociedad supercompetitiva con la única actitud que se les ha desarrollado: la de quererse a sí mismos. ¿Cabe mayor contradicción?

Lo más práctico para desmitificar una educación reducida a autoestima, y una autoestima reducida, a su vez, a culto del propio "yo", es comprobar cuál es el resultado al que se llega con ese planteamiento. Los hijos acostumbrados a ser alabados de forma incondicional suelen sentirse muy defraudados cuando, al incorporarse a la vida adulta, chocan con la realidad. Esa colisión les descubre, de pronto, que su autoestima está mal fundamentada y que, por ello, no es real.

Este tipo de hijos, en el momento de intentar abrirse camino en la vida profesional y social, tropiezan con dificultades inesperadas, reveladoras de que no son capaces o tan virtuosos como habían supuesto. Por primera vez se encuentran cara a cara con sus limitaciones y sus defectos; por primera vez alguien les dice que se han equivocado en algo o que tienen la culpa de algo que ha salido mal. La primera experiencia de depender de un jefe suele ser para ellos muy dura, pero también muy aleccionadora. Todo ello les permite descubrir que en el pasado se les infundió una autoestima por la vía del engaño.

Después de tantos años de oír que todo lo que hacían era maravilloso, estos hijos no son capaces de aceptar la más pequeña corrección o la más delicada crítica. Después de tanto tiempo de vivir para sí mismos, les resulta muy problemático salir de ese egocentrismo. Ello suele originar importantes alteraciones de la conducta.

Christopher Lasch ha comprobado en uno de sus estudios sociológicos que el choque de la elevada y falsa estima de sí mismo con la dura realidad suele producir crisis de autoestima. Por eso afirma que la actual atención a la autoestima es enfermiza.

La experiencia dice que la autoestima de los hijos o alumnos no se desarrolla por la vía del elogio continuo e injustificado o por la vía de la tolerancia sin límites. Quienes buscan fortalecer el ego por ese camino, lo único que consiguen es debilitarlo y aislarlo. El estar demasiado pendiente del ego de los niños o de los adolescentes favorece que estos últimos se amen a sí mismos de forma inmoderada y excesiva, desentendiéndose así de las necesidades de los demás (ésa es la definición de egoísmo). También se favorece que los hijos lleguen a ser personas desvalidas e inseguras.

La autoestima, como la alegría o la felicidad, no se puede buscar directamente. Y menos todavía por la vía del engaño. La autoestima es una consecuencia. ¿Una consecuencia de qué? De poner ilusión en lo que se hace y en hacerlo cada día mejor; de realizar con amor los propios deberes; de ser servicial con los demás; de ser buen compañero, buen hermano y buen amigo; de portarse bien con todos; de luchar diariamente contra los propios defectos; de empezar cada día; de, como se dice en Andalucía, "ser buena gente". Obsérvese que todo eso supone saber olvidarse de uno mismo.

La mayor y mejor autoestima es la autoestima merecida, la que se basa en logros reales, la que cada uno se gana con su propio esfuerzo. Si los padres y profesores enseñan a sus hijos o alumnos, desde las primeras edades, a esforzarse por ser un poco mejores cada día (desarrollo de virtudes) y por lograr la excelencia en todo (en los estudios, en la vida familiar, en la vida de amistad, etc.) la autoestima vendrá sola.

La verdadera autoestima se alimenta con la satisfacción que produce alcanzar nuevas metas por uno mismo. Es frecuente que cuando un niño o un adolescente obtiene, a base de esfuerzo personal, el resultado que buscaba, exclame con sano orgullo: "¡Lo he conseguido!". En cambio, los hijos sobreprotegidos jamás podrán tener esa experiencia tan gratificante y tan formativa. Cada vez que sus padres les evitan o resuelven una dificultad se sienten un poco más inseguros y desvalidos.

La autoestima se desarrolla, por tanto, formando el carácter, educando la voluntad: hay que desarrollar en los hijos hábitos de esfuerzo, de trabajo bien hecho, de autodominio, de autodisciplina. Hay que favorecer la adquisición de virtudes como la fortaleza, la templanza, la paciencia y la perseverancia. También hay que animarles a que sean más abiertos y serviciales. Está comprobado que una de las mejores terapias de la autoestima es salir de sí mismo y tratar de ver las cosas como las ven los demás.


Gerardo Castillo Ceballos
Profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra Asociación FERT

publicado en www.solohijos.com

martes, 1 de julio de 2008

Sepa más sobre el TDAH (3)

¿Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo o hija?
Un esfuerzo en equipo de los padres, profesores y médicos trabajando en conjunto es la mejor manera de ayudar a su niño. Los niños que tienen TDAH tienden a necesitar más estructura y expectativas claras. Algunos niños se benefician de la consejería psicológica o de la terapia estructurada. Las familias pueden beneficiarse al hablar con un especialista en el manejo del comportamiento y problemas del aprendizaje relacionados con el TDAH. El medicamento también ayuda a muchos niños. Hable con su médico para ver qué tratamiento él o ella le recomienda.

¿Qué medicamentos se usan para tratar el TDAH?
Algunos de los medicamentos que se usan para tratar el TDAH son el metilfenidato (nombre de marca: Ritalin), dextroamfetamina (nombre de marca: Dexedrine), pemolina (nombre de marca: Cylert), atomoxetina (Strattera) y un medicamento combinado llamado Adderall. Estos medicamentos mejoran la atención y la concentración y disminuyen los comportamientos impulsivos y sobrereactivos. También se pueden usar otros medicamentos para tratar el TDAH.

¿Qué puedo hacer en casa para ayudar a mi hijo?
Puede ser difícil criar los niños que tienen TDAH. Ellos pueden tener dificultad para comprender instrucciones. Los niños que están en un estado constante de actividad pueden representar un reto para los adultos. Usted puede tener que cambiar su vida un poco para ayudar a su niño. He aquí algunas cosas que usted puede hacer para ayudar:

Haga un horario. Fije horas específicas para levantarse, comer, jugar, hacer tarea, hacer quehaceres, mirar televisión o jugar juegos de video, y para acostarse. Ponga el horario donde el niño siempre lo pueda ver. Explíquele cualquier cambio en la rutina por adelantado.

Simplifique las reglas de la casa. Es importante explicar lo que pasará cuando se cumplen las reglas y cuando se rompen las mismas. Escriba las reglas y los resultados de no seguirlas.
Asegúrese de que sus instrucciones son comprendidas. Haga que su niño le preste atención y háblele directamente a los ojos. Luego dígale al niño con voz clara y calmada específicamente lo que usted desea. Mantenga las instrucciones simples y cortas. Pídale al niño que le repita las instrucciones a usted.

Premie el buen comportamiento. Felicite a su niño cuando él o ella completa cada paso de una tarea.

Asegúrese de que su niño sea supervisado en todo momento. Puesto que son impulsivos, los niños que tienen TDAH pueden necesitar más supervisión de los adultos que otros niños de la misma edad.

Fíjese cuando su niño está alrededor de sus amigos o amigas. A veces resulta difícil para los niños que tienen TDAH aprender habilidades en el comportamiento social. Premie el buen comportamiento durante el juego.

Fije una rutina para hacer las tareas. Escoja un lugar fijo para hacer la tarea lejos de distracciones tales como otras personas, televisión y juegos de video. Divida el tiempo para hacer tarea en sesiones cortas y permita descansos.

Concéntrese en el esfuerzo y no en las calificaciones. Premie a su niño cuando él o ella trata de terminar la tarea no solamente para sacar una buena calificación. Usted puede dar premios adicionales por obtener mejores calificaciones.

Hable con los maestros de su niño. Trate de enterarse de cómo le está yendo a su niño en el colegio durante la clase, durante el recreo y durante la hora de la comida del medio día. Pida que los maestros le den notas de progreso diario o semanal.

¿Mi hijo va a superar el TDAH?
Antes solíamos pensar que los niños podrían superar el TDAH. Sabemos que esto no es cierto en la mayoría de los niños. Los síntomas del TDAH con frecuencia mejoran a medida que los niños crecen y aprender a ajustarse. La hiperactividad usualmente para en los años de la adolescencia tardía. Pero cerca de la mitad de los niños que tienen TDAH continúan siendo distraídos con facilidad, teniendo cambios en el humor, siendo malhumorados y son incapaces de completar tareas. Los niños que tienen padres amorosos que les brindan apoyo y que trabajan conjuntamente con el personal del colegio, con los profesionales de salud mental y con su médico tienen la mejor probabilidad de convertirse en adultos bien ajustados.

tomado de familydoctor.org