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miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuando está por llegar un nuevo hermano : Ideas para integrar a los nuevos hermanos en un ambiente de armonía

Por : Cecilia Galli Guevara

¿Cómo preparamos a nuestros hijos para la llegada de un hermano? ¿Cómo podemos fomentar una relación armónica entre ellos?

Cuando era chica y veía cómo se sumaban hermanitos a mi familia (soy la mayor de cinco hijos muy seguidos) le preguntaba a mi madre si “las mamás querían a todos sus hijos por igual”. Con esa pregunta general buscaba disimular mi miedo particular, disfrazándolo de curiosidad, de si ella seguiría queriéndome aunque debiera ocuparse de otros niños y niñas, más pequeños y mucho más demandantes que yo.

Esa misma pregunta me la hacían mis hermanas y algunas amigas (todavía sin hijos) cuando estaba por nacer mi segundo bebé: “¿lo querrás igual que al primero?”. Yo, muy tranquila, respondía: “¡claro que sí!”. Y por dentro pensaba si sería verdad. Claro que a mi segundo hijo ya lo quería desde que vi las dos líneas en la prueba de embarazo, y en el momento que me encontré con su carita olisqueándome al segundo de nacer, se unió a la bola indescriptible de amor que sentía por mi hijo mayor, no dividiéndola sino haciéndola más y más grande.

A pesar del amor que tengamos los padres, los niños –tarde o temprano– sentirán celos. Los celos son naturales, especialmente entre hermanos, que comparten las cosas más íntimas de la vida. Sabiendo esto, hay muchas formas en las que podemos ayudar a nuestros hijos a sentirse amados “igual” que sus hermanos, algo que es tan importante asegurarles cuando lo necesitan. Porque si bien a nosotros los padres este reclamo puede parecernos “tonto”, para los chicos la competencia con sus hermanos puede ser motivo de angustia y ansiedad profundas.

El hijo mayor fue hijo único: tuvo a sus padres en exclusividad y formó con ellos una tríada perfecta en la que él y sólo él (o ella) recibió todas las atenciones de sus progenitores. Cuando llega un nuevo hijo al hogar, el equilibrio de la familia se tambalea y cambia, para volver a organizarse de una forma diferente. Hay quienes explican la angustia que puede experimentar el hermano mayor haciendo una analogía fácil de entender para los padres: es como si el marido le dijera a su esposa que a partir de ahora traerá a otra mujer a vivir a casa, que deberán compartirlo todo, pero que las amará a las dos… Esta analogía no contempla lo positivo que sucede en nuestro caso, en el que se suma un ser más a la familia. Pero ilustra lo desplazado que puede sentirse un niño.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro hijo mayor para que su ansiedad sea mínima? Durante el embarazo, cuando decidimos que es momento de contarle que va a tener un hermanito o hermanita, es bueno hacerlo hablando de “nuestra bebé” y no de “mi bebé”. De esta forma, ya estaremos incluyendo al hermano mayor en el proyecto.

Mantenerlo informado del progreso del embarazo, contarle cómo va creciendo su bebé y, si le interesa, llevarlo a las ecografías, hacerlo participar en la elección del nombre, también puede resultar beneficioso ya que estar al tanto de lo que sucede seguramente reducirá su miedo a lo desconocido. Si bien en muchos casos la ansiedad del hijo mayor crece proporcionalmente a la expansión de la barriga de la madre, darle la información que pide, hablar con él o ella sobre cómo será el momento del parto, contarle cómo nacerá su hermano, ayudará a que se sienta seguro e involucrado en todo el proceso. Es importante tener en cuenta que la información que se le dé al hijo debe ser no más de la que él requiera, y debe estar adaptada a su edad.

Uno más y suman…

Cuando el nuevo integrante de la familia ya está en casa, mamá va a pasar mucho tiempo con él. Puede ser un buen momento para que el padre pase más tiempo con el hijo mayor, haciendo actividades y proyectos “exclusivos para niños grandes”, en los que el “pobre” hermanito todavía no puede participar. Ir al cine, al zoológico o cocinar juntos, por ejemplo, harán al hijo sentirse atendido.

También es importante valorar su ayuda: si nos pasa un pañal, o si opina sobre el motivo del llanto de su hermano (en mi caso, mi hijo mayor llegó a estar en tan fina sintonía con su hermano que muchas veces tenía razón), agradecer su acción o su pensamiento.

En el momento de la lactancia es agradable incluir al hijo mayor, contándole cómo era él cuando era un bebé y sobre todos los cuidados que le deparábamos sus padres mientras se lo acuna con el brazo que queda libre.

El tiempo en exclusividad es algo más que podemos hacer con cada hijo, y también pasar tiempo jugando “exclusivamente” con todos los niños juntos: compartiendo, mediando en conflictos y ayudando a que el momento fluya sin peleas.

Para mantener la armonía

Todas las personas somos diferentes, y esto vale también para los niños. Cada chico tiene necesidades, intereses, gustos y viven etapas que le son propias y que lo diferencian de sus hermanos. Es fundamental aceptar esta diversidad y atender a los requerimientos de cada hijo, sin marcar diferencias de “importancia”. La necesidad de un niño puede ser más urgente que la de otro, o en el caso de un tema de salud puede realmente ser más importante. Sin embargo, no debemos hacerle sentir a ninguno de los hijos que lo que él o ella necesita no es lo suficientemente importante para sus padres. En el caso de los pedidos “caprichosos”, hay que descubrir cuál es el verdadero requerimiento oculto en el reclamo: probablemente sea un pedido de atención de nuestra parte.

También hay que evitar hacer comparaciones entre un hermano y otro enfatizando las virtudes de uno y los defectos del otro. Exigirle al mayor que sea un ejemplo de buena conducta para sus hermanos menores tampoco es bueno, ya que este pedido supone una fuerte presión sobre el hijo mayor. En la misma línea de acción, no es aconsejable pedirle al hermano mayor que ceda frente a los pedidos del menor “para que éste no llore”. En lugar de eso, establecer reglas claras y justas para el uso de los juguetes, por ejemplo, puede ayudar. Por ejemplo en el tema de la propiedad privada: si un hermano quería jugar con algo que le pertenecía a otro, debía pedirlo prestado; el dueño podía prestarlo o no, pero en última instancia era su decisión. Al tener esa libertad (de prestar o no), aprendimos armoniosamente a compartir nuestras pertenencias, y sin el “miedo” a que nos quitaran lo propio, el conflicto en este sentido casi no existía.

Ya adultos, mis hermanos y yo somos muy unidos. Somos amigos. Y pensamos que los hermanos son lo mejor que pudieron darnos nuestros padres. Ahora “del otro lado”, veo cómo se relacionan mis hijos entre ellos; y creo que formar una familia es un reto, un camino lleno de sorpresas, de cambios y de aprendizaje. Una de las aventuras más apasionantes que puede darnos la vida, una aventura sin glorias públicas que transcurre en la intimidad del hogar. Y que un hermano es el mejor regalo que un niño puede tener.

Tomado de Crianza Natural


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martes, 5 de octubre de 2010

La paternidad después del divorcio

Tres hombres cuentan sus experiencias luego de la separación y explican cómo ser padres activos, aún sin vivir bajo el mismo techo.

Por Ana Clara Pérez Cotten

Daniel Guebel.

Escritor y periodista. 

Me derrumbo. Me derrumbo. Me derrumbo. Copiaría y pegaría la frase eternamente pero no soporto esa facilidad. Una posición cómoda: el sufrimiento injustificado. Claro que mi mujer acaba de abandonarme. (...) Querría otra cosa, seguro que sí. Pero no sé cómo hacer. El fracaso despliega sus alas gigantescas sobre todos los rincones de mi vida. Oscuro, oscuro. Ser para llorar.
Durante años nadie pudo decir que hubiese visto desprenderse una sola lágrima de mis ojos. Ahora mi hija me dice: “Papá, voy a vivir con mami y te voy a extrañar mucho y voy a venir a visitarte”. Y yo me encierro en el cuarto y oculto la cara entre las manos. Falta un día para fin de año (pasaron cinco entre una y otra fase) y hoy es la última noche que Ana duerme en casa.
Salimos a cenar a lo de unos conocidos. Ella está hermosa y contenta de usar su vestido de gasa; ríe y juega con sus amiguitos y cada tanto se sienta sobre mis piernas y me dice: “Papá te amo”. Después, en el taxi de regreso se durmió en mis brazos y cuando la cargué para bajarla sus dedos no soltaban un juego de ladrillos azul. No pude cambiarle la ropa y a la madrugada mojó su vestido blanco y las sábanas rosadas. Todavía no cumplió cuatro años y ya es 31 de diciembre y no va a vivir más conmigo. Vendrá sólo a visitarme.
A la mañana fuimos a una juguetería a comprar un salvavidas para cuando venga y se meta en la pileta de lona, y un cubre colchón, por si sigue mojando la cama, y una caja con veinticuatro marcadores de colores porque quería dibujar un arcoirirs. “Nadie me enseñó a dibujar un arcoirirs, papá.” Yo le enseñé y ella separó los marcadores en colores para hombres y para mujeres. Los colores claros eran colores de mujer, y además del pasto verde y el sol amarillo dibujé estrellitas negras.
Estuve una hora, dos horas, esperando que la madre pasara a buscarla y se fueran. Quería quedarme solo, terminar de una vez. Mi hija me pedía lo de siempre, un cuento con animales, que sea largo y que termina mal para todos. A medida que se iba acercando el momento en que Paula vendría, mi voz enronquecía, yo quería apartarme y no hablar. Al mismo tiempo, pensaba que recién iba a recuperar a mi hija, tenerla de verdad, cuando dejara mi casa. Mi hija siempre fue preciosa para mí. Desde que nació, el sinsentido del mundo se condensó hasta convertirse en un punto insignificante, y lo único que tuvo consistencia del ser, el brillo y la dimensión de lo existente, fue su presencia. Pero al mismo tiempo su realidad cotidiana se volvió un obstáculo para que la adoración que siento por ella se convirtiera en una totalidad suprema. Las veces que me enojé y le grité porque se portaba mal, las veces que le pegué...
Paula acaba de llevársela. En la despedida, yo le di un beso a Paula y Ana dijo: “Si se dan besos de novios yo no me puedo ir”. La madre le dijo: “Son besos de amigos” y después se volvió hacia mí y dijo: “Nunca vio que nos diéramos besos de novios”. Y se fueron de la mano. Yo me quedé en la puerta viéndolas irse y conteniendo las lágrimas. Ana llegó hasta la esquina y se dio vuelta y me saludó, me tiró un beso, sopló en el aire y después se volvió hasta su futuro.
Estoy solo y tengo que sobrevivir. Entro en mi casa, me tiembla la mandíbula. Empiezo a llorar, quiero gritar pero que no me escuchen los vecinos. Abrazo la pared, de golpe el dolor desaparece. Mi hija y mi ex mujer se borran en el aire. Siempre estuve sólo, no hay nada, nunca hubo nada. Ese cuerpito frágil y alegre diciéndome adiós. Mi hija tiende el puente de plata con la vida. Tengo que ir a comprar cosas: la casa no debe estar vacía cuando ella venga a visitarme”. Fragmento de su novela “Derrumbe”. (Mondadori).


Sergio Sinay.
Escritor y periodista.

La paternidad, en su sentido más profundo y trascendente, no se define desde la biología ni desde el estado civil. No basta con procrear para ser padre (o madre). Y la condición de separado o divorciado no hace a un padre menos padre. La paternidad, como la maternidad, es una función que se define por su ejercicio, por sus contenidos. Las funciones del padre incluyen la de agente socializador de sus hijos, la de instrumentarlos para salir al mundo, la de guiarlos en experiencias iniciáticas, la de transmitir, a través de su conducta, valores esenciales para la convivencia y el desempeño en el universo externo y la de ponerlos en contacto vivencial con manifestaciones de la emocionalidad masculina.

Intencionalmente no he mencionado las funciones de proveedor material o de protector físico, a las que nuestra cultura redujo durante mucho tiempo, pobre y tristemente, el papel del padre. A tal punto este mandato impregnó a generaciones enteras de varones y mujeres, que aun hoy, más allá de discursos psicológicamente evolucionistas o de posturas progresistas en el discurso (aunque no tanto en las conductas) estos atributos siguen apareciendo ante el padre varón como exigencias ineludibles. Pero lo cierto es que un padre cumplirá sus funciones si se conecta con todas las áreas que mencioné anteriormente y si se compromete de hecho con ellas.

Sin ese cumplimiento, la paternidad (como la maternidad cuando sus funciones específicas están desatendidas) será un simple acto o accidente biológico. Por lo demás, un padre puede separarse de la madre de sus hijos, sin divorciarse de ellos. El ejercicio de la paternidad (como el de la maternidad) en su sentido esencial requiere de conciencia y voluntad. Es un ejercicio de responsabilidad, no en el sentido de carga u obligación, sino en el de elección y capacidad de respuesta ante los efectos de esa elección. Hay divorcios más difíciles y otros más fáciles. En algunos los hijos se convierten en proyectiles de una batalla entre sus padres o en botines de sucesivas rapiñas emocionales con las que éstos procuran dañarse. Y hay separaciones en donde los ex cónyuges no olvidan que fueron responsables en la creación de la vida de sus hijos y responden pensando ante todo en lo mejor para los chicos. En los primeros casos, los padres varones suelen apartarse (por propia voluntad o por manipulación materna) de sus hijos. En los segundos ejemplos, encuentran nuevos y nutricios modos de continuar presentes (y funcionales) en la vida de ellos.

En ambas situaciones conviene recordar dos cosas: La paternidad es una construcción, adquiere significado a través de acciones y de presencia, va más allá de enunciados y de comprobaciones biológicas. Todos los hijos son elegidos (“descuidarse” es una forma de elegir) y su presencia es una pregunta personal y dirigida que sólo el padre (y la madre) pueden responder.

Un padre separado, entonces, no es menos padre y su situación puede ser el puntapié para convertir su paternidad en un ejercicio activo, conciente y responsable porque a veces, cuando está asegurada la rutina de vivir bajo el mismo techo, esto no ocurre. Vivirlo así es, casi, una decisión moral.


Julio Trucco.
Fundador de la Asociación de Nuevos Padres. 

En 1987 me divorcié siendo padre de dos hijos de dos y tres años. A partir de ese momento tuve la oportunidad de experimentar cómo es ser un padre separado. Hay mil preparativos para casarse pero para separarse, ninguno. Quise seguir criando a mis hijos, no me conformaba con sólo visitarlos. Pretendí pasar tiempo con ellos, no sólo “tiempo de calidad” sino cantidad de horas. Decidí ocuparme de sus necesidades y además, pagar alimentos. Pero como cualquier persona que va en contra de las costumbres de la época, sufrí los rigores de una sociedad y de una jurisprudencia sexista. En ese momento, el estereotipo masculino era el del padre proveedor y la madre cuidadora y oponerse era ir en contra de lo establecido. El litigio judicial incluyó cientos de horas de audiencias, entrevistas, testimoniales, denuncias, ejecuciones sumarias y embargos.

En 1995 escribí una carta de lectores al diario Clarín en la que contaba mi experiencia. A los pocos días, muchos padres que se sentían identificados con mi situación se pusieron en contacto conmigo. Una tarde nos reunimos casi doscientas personas con la misma problemática. Nos organizamos y fundamos ANUPA (Asociación de Nuevos Padres). No nos conocíamos, teníamos distintas posiciones económicas y niveles culturales, pero no necesitábamos abundar en detalles para entendernos.

Nos preguntábamos: ¿Cuántos niños pierden la cotidianeidad de un vínculo tan importante en detrimento de su propia psiquis? ¿Por qué el rol del padre después del divorcio es objeto de la manipulación de letrados, funcionarios judiciales, ex cónyuges y de la prensa?

Hoy, a veinte años de mi separación, veo que cada vez son más los padres que quieren participar activamente en la crianza de sus hijos. Los medios también muestran un nuevo prototipo de padre, más tierno, cariñoso y afectivo. Los modelos anteriores, en cambio, auspiciaban figuras tradicionales de "jefes de familia" distantes. Los nuevos arquetipos de padre luchan por sus hijos, se preocupan por ellos, marchan con sus bebés sujetos al pecho o se levantan por la noche para atenderlos. Los cambios en los roles son fácticos, resta que las leyes y la jurisprudencia de familia reflejen los cambios que ya se dan en la realidad.

Creo que la tenencia compartida tiene algunas desventajas. Muchos padres divorciados acuerdan compartir la crianza de sus hijos, pero su verdadera aspiración es obtener una tenencia monoparental. Quieren que el menor elija a uno y descarte al otro. Esta situación provoca que traten a su hijo como un verdadero “niño divino”. Y con ese objetivo en la mira, cualquier seducción es insuficiente. No lo castigan cuando corresponde por miedo a perder terreno ante el otro.

Desde ANUPA difundimos la opción de la tenencia compartida de los hijos como una opción más después de la separación de los padres. Consideramos que una opción tan importante como compartir la crianza de los hijos del divorcio, no puede estar fuera de la letra de la ley.

Consejos para padres divorciados

1) No divorciarse de los hijos.
Distanciarse de la madre no implica separarse de los hijos. La condición de divorciado no hace a un padre menos padre. La paternidad es una función que se define en su ejercicio.

2) El nuevo papá.
El modelo de paternidad tradicional auspiciaba padres distantes, poco dados a las caricias y los juegos. Los nuevos arquetipos luchan por sus hijos, cambian a los bebés y se levantan para atenderlos.

3)El papá multifunción.
Trascender el rol de proveedor material y cumplir otras funciones como guiar, transmitir valores para el desempeño en el universo externo y vincular a los chicos con la emocionalidad masculina.

4) Cantidad y calidad.
Es importante que un padre pase tiempo con sus hijos. El concepto “tiempo de calidad” es engañoso porque un vínculo sólido se construye cuando ambos comparten los detalles de la vida cotidiana.

5) Otra oportunidad.
La separación puede ser el puntapié para convertir la paternidad en un ejercicio activo y responsable. A veces, la rutina de vivir en la misma casa, afecta el papel del hombre en la crianza de los hijos.

6) No pedir permiso.
Muchos hombres esperan que las madres habiliten su rol cuando en realidad deberían asumirlo sin pedir permiso. La paternidad es un derecho que se adquiere cuando nace un hijo.

7) Dejar de ser hijo.
Cuando un hombre se convierte en padre, abandona el rol de hijo y se conecta con otros aspectos de la masculinidad. Un adulto sabe asumir su responsabilidad y dar protección y apoyo emocional.

8) Poner límites.
Un padre debe poner límites, establecer normas y códigos y orientar. La separación no debería convertir a un papá en un seductor de sus hijos con la mirada más atenta en el divorcio que en su rol.

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domingo, 24 de enero de 2010

La nueva pareja de mamá (o papá)


Normalmente, los hijos no aceptan de buen grado a la nueva pareja, bien sea de mamá o de papá. Sienten que pierden exclusividad en la atención que les dedican y por otra parte no quieren encariñarse con esa nueva persona, porque sienten que traicionan a su padre o madre.

Es difícil, pero no imposible. Hay que tener claro que cuanto más pequeño es el niño más fácil será la aceptación de esa nueva persona. Cuanto más mayor sea o más traumática haya sido el proceso de separación o la pérdida de un progenitor más difícil será.

Pero, ¿cómo se le dice al niño que mamá o papá "tiene un novio"? Sólo de pensarlo a más de uno le tiemblan las piernas. Hay que tener claras una serie de cuestiones:

  • Asegúrate que quieres apostar por esa relación de pareja. Si no estás segur@ mejor espera, no es conveniente aturdir al niño conociendo muchas parejas.
  • No hay que mentir al niño, y se le debe proporcionar información poco a poco. Al principio vale que hablemos de un amigo/a que haz conocido, pero antes o después hay que llamar las cosas por su nombre. No se puede hacer como los jóvenes de hoy, que siguen llamando amigos a sus novios hasta el día antes de la boda. Si es novio se le llama novio.

Cómo llamar a la nueva pareja

Una vez que se lo has dicho, tendréis que ser muy cuidadosos en la forma en que se lo presentas y en cómo lo introduces en esa relación de padre/madre e hijo:

  • No hay que forzar la relación con el nuevo miembro. Al principio hay que procurar que se conozcan fuera del domicilio familiar. Planificar alguna actividad que sea corta y que pueda ser agradable para el niño. La relación debe ser natural, si se fuerza mucho la situación y te empeñas en que caiga simpático/a o haces excesivos halagos a la persona nueva, es probable que consigas el efecto contrario.
  • No intentes comprar su cariño con regalos.
  • Hay que ser natural en las muestras de cariño tanto con la pareja como con el niño. No caigas en los excesos pero tampoco las reprimas en absoluto. Una cosa es que de vez en cuando haya una demostración de afecto -un beso, una caricia, cogerse de la mano�- y otra que no corra el aire. Lo mismo pasa con el niño. Normalmente, no les gusta que un extraño los acaricie o abrace excesivamente, por lo tanto, tomaos vuestro tiempo.
  • De repente no puede aparecer el novio/a hasta en la sopa. El niño tiene que seguir disfrutando de momentos a solas con sus respectivos padres.

Si son el progenitor que no tiene pareja, no saboteea la relación de vuestra ex pareja delante del niño. Lo único que consigues con ese enfrentamiento es hacer sufrir al niño. Y por cierto, evita hacerle un interrogatorio sobre esa nueva persona, porque al final el pequeño te contará lo que quieres oír, no la realidad.

La aparición y aceptación de esa nueva persona suponen muchos cambios en la vida del niño. La más importante es que de repente se da cuenta de que sus padres biológicos ya no se van a volver a juntar. Normalmente, los niños siempre albergan la ilusión o fantasía de la reconciliación de sus padres. Por tanto, hay que dejar muy claras las cosas al niño y no alimentar esas fantasías.

Por otro lado, el niño puede sentir que si acepta por ejemplo a ese novio está traicionando a su padre biológico y por tanto da igual cómo sea éste porque de entrada será rechazado. Hay que explicar bien al niño cuál es el 'rol' que ocupa cada uno. Nadie puede reemplazar a su mamá o papá -aunque éste hubiese fallecido-.

No desesperen en el intento. Se necesita tiempo, mucha paciencia y muchísimo diálogo.

Fuente : diario El Mundo (España)

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¿Qué hacer cuándo nuestro hijo es inseguro?


Todo niño suele ser juguetón, parlanchín, curioso, alegre e inquieto, y por ello es preocupante descubrir que nuestro pequeño se rehúsa a convivir con sus amigos, adopta carácter retraído, tiene miedo a hacer preguntas o no muestra interés por la escuela. No ignore estas manifestaciones, ya que pueden ser señal de baja autoestima.

Sin duda, uno de los mayores regalos que los padres pueden ofrecer a su hijo es brindarle cariño en forma abierta y ayudarle a tener confianza en sí mismo, ya que esto facilitará su convivencia con otros chicos, le permitirá convencerse de que tiene capacidad para actuar con éxito en la vida y le hará entender que su amistad e ideas son tan valiosas como las de cualquier otra persona.

El desarrollo de dicha cualidad, a la que llamamos autoestima, es considerado por psicólogos infantiles como la puesta en marcha del “motor” que impulsará al pequeño para que establezca y cumpla objetivos propios, pues se ha comprobado que un niño que se aprecia a sí mismo es físicamente más sano, tiene considerable motivación para aprender, actúa con responsabilidad y cuenta con mayor tolerancia en caso de que las cosas le salgan mal.

En contraparte, un niño inseguro suele sentirse limitado porque no se atreve a hacer algunas cosas por cuenta propia, le cuesta establecer vínculos afectivos con otros pequeños de su edad, no progresa en sus primeros aprendizajes escolares, se rinde al primer intento y tiene muy presente la posibilidad de “hacer el ridículo”. No está de más señalar que esto lo pone en clara desventaja y le hace llevar una existencia con preocupaciones y angustia más allá de su infancia.

Por fortuna, los padres pueden ayudar a su hijo a incrementar la confianza en sí mismo, ante todo mejorando la comunicación con él, modificando algunas ideas y estableciendo vínculos afectivos más fuertes. En efecto, no basta con que los padres sientan amor por su hijo, sino que deben aprender a transmitírselo, sobre todo entre los 3 y 10 años de edad del pequeño, ya que es el período de mayor relevancia para que establezca su valor personal, autoestima e imagen de sí mismo.

Distinguir el problema
Aunque cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, es importante que los padres conozcan los principales indicadores de un niño inseguro:

  • Muestra temor excesivo a errores y fracasos.
  • Tiene poca motivación para jugar o convivir.
  • Carece de entusiasmo y presta poca atención a las clases.
  • Es muy sensible a las críticas u observaciones.
  • Invierte varias horas al estudio, pero su desempeño escolar es deficiente.
  • Puede ser muy tímido en el aula o, por el contrario, ruidoso y conflictivo.
  • Evita cualquier reto a sus hábitos.
  • Se siente frustrado en la escuela.
  • Tiende a descalificarse y a decir que no tiene habilidad para ciertas cosas.

En contraste, un pequeño con sentimiento de valía personal elevado mostrará las siguientes conductas:

  • Es muy curioso.
  • Le gustan los desafíos.
  • Tiene muchas ganas y facilidad para aprender de sus diferentes materias escolares o actividades.
  • Fracasos y errores representan oportunidades para aprender.
  • Conoce sus puntos “fuertes” y “débiles”.
  • Acude con gusto a clases.
  • Admite críticas.
  • Es muy sociable con sus compañeros.

Como puede apreciarse, los padres deben mostrarse atentos a lo que su hijo les platica, cómo se comporta y cuáles son las frases recurrentes en su forma de hablar. Por ejemplo, el niño inseguro suele expresar que no tiene amigos, que le cuesta trabajo conservarlos o que se aburre porque ninguno de sus compañeros le quiere hablar; además, asume esta situación en forma catastrófica, por lo que a veces no encuentra solución posible.

En otras ocasiones, su punto de vista se centra en el aspecto negativo de las cosas, además de que lo magnifica y se culpa de ello; incluso, cuando debe interrumpir su juego porque empieza a llover, asegura que “la vida es injusta” y que “eso sólo le pasa a él”. De este modo, se puede descubrir un sentimiento general de abatimiento, abandono y frustración ante las circunstancias (la risa podría ausentarse), en vez de entusiasmo, adaptabilidad y serenidad.

Hacer frente al conflicto
Cuando los rasgos anteriores le indican a los padres que su hijo tiene baja autoestima, lo más aconsejable es que acudan en busca de ayuda a un psicólogo infantil, a fin de entender a fondo el origen de este problema. De cualquier forma, será importante realizar cambios en el trato hacia el pequeño, mismos que deberán enfocarse a varias dimensiones de la personalidad infantil:
Apariencia física. Un rasgo de inseguridad muy común se debe a las dudas sobre el aspecto corporal. Todas estas incertidumbres tienen su origen en mensajes recibidos desde la infancia temprana, pues con frecuencia los adultos caen en el error de comparar a los niños entre sí, respecto a estatura, color de cabello, fuerza o complexión. Es importante enseñar al niño a que se acepte tal como es, diciéndole que su físico es adecuado y que no tiene motivo para envidiar a otra persona. Cabe señalar que todo infante tiene fuerte necesidad de ser distinto, y que los padres deben contribuir a que el chico sepa que es único.

Afecto. Todo pequeño necesita estar seguro de que es querido y de que al estar en casa se aprecia su presencia. Además, hay que transmitirle de múltiples maneras que se le quiere por sí mismo, tal como es, y para ello es necesario demostrarle apoyo, escucharlo, cuidarlo, jugar con él o hacerle partícipe de la vida familiar, por ejemplo, invitándolo a que proponga algunas de las actividades que realizará la familia durante el fin de semana. Estos aspectos contribuirán de manera efectiva a que en la etapa escolar muestre una actitud favorable para aprender, sea competitivo y capaz de sacar provecho de sus errores, sin considerarlos traumáticos.

Conducta. Los niños hacen cualquier cosa por impresionar a sus padres y otras personas significativas, por lo que no es suficiente con que se reconozca su comportamiento. Es fundamental mostrar la sensación de que uno está impresionado ante su conducta, ya que esta actitud elevará su confianza. Otro aspecto destacado es que hay que conceder mayor importancia al esfuerzo que realiza el menor para lograr algo, que al resultado final. Así, al enfatizar sobre el valor de mantener una voluntad constante, el chico se sentirá motivado para emprender nuevos retos en busca de otros logros.

Creatividad y convivencia. Los padres que tienden a dominar, controlar y sobreproteger (desean que su hijo tenga aquello de lo que carecieron o haga lo que ellos no pudieron), obstruyen el desarrollo del niño e impiden que se esfuerce con base en sus propias motivaciones y peculiaridades. Lo más indicado en tal caso es ayudar al pequeño a que tome sus propias decisiones y se enfrente a su realidad, a fin de que no crezca con sentimiento de limitación o incomprensión. También es de gran valor animarlo a que exprese sus ideas y que vea a sus progenitores conversando con vecinos, familiares y amigos, para que entienda que comunicación e intercambio de ideas es algo común.

Lenguaje. En ocasiones el lenguaje del infante está lleno de frases pesimistas, por lo que será necesario que los padres le enseñen a ver el mundo con mayor objetividad, siendo menos categóricos en sus afirmaciones y mostrándole que es posible que se recompense por sus éxitos y minimice sus fracasos. También será necesario modificar aquellos conceptos que encierran sus afirmaciones, por ejemplo:

  • “Todo me sale mal”. La mayor dificultad de este tipo de comentarios es que, al hacer una observación tan global, se pierde lo positivo de la vida. Es recomendable invitar al niño a que mencione al menos tres cosas que ha hecho correctamente en el día e incitarlo a que, cuando crea que le ha ido mal en algo, se refiera a ello en forma concreta y no general.
  • “No valgo para nada”. Los padres deben invitar al pequeño a que reflexione que toda persona vale para algo, sólo que a veces nos fijamos más en los malos resultados que se presentan en actividades en las que tenemos menos experiencia o habilidad, que en aquello en lo que somos exitosos. También se debe aconsejar el uso de frases concretas, las cuales se refieran exclusivamente a la tarea que salió mal y en ese momento en particular.
  • “Nadie me quiere”. Escuchar esta frase es una señal de alarma que no debe dejarse pasar, ya que es un fiel reflejo de los sentimientos del pequeño. Hay que procurar que el niño sepa y sienta que es alguien muy valioso para sus padres, pero si no se observa un cambio positivo, quizá sea mejor buscar la ayuda de un psicólogo, ya que no puede descartarse la posibilidad de que padezca depresión.

Vale la pena subrayar que los padres deben tener mucho cuidado cuando hablan de ellos mismos, ya que podrían cometer los mismos errores señalados y transmitir la idea de que las frases que emiten juicios crueles hacia la propia persona son normales. Recordemos que los niños copian lo que hacen sus mayores.

Recomendaciones finales
Para desarrollar el sentimiento de valía personal en los hijos es importante que éstos se sientan queridos por las personas más significativas de su entorno familiar; por ello, la clave del éxito reside en que los padres mejoren e incrementen la comunicación a través de medidas como las siguientes:

  • Ser auténticos, honestos y espontáneos con los chicos, haciendo lo posible por no contradecir los valores que se intentan transmitir y procurando no proyectar los temores e inseguridad de los adultos de la familia hacia el niño.
  • Dedicar al pequeño el tiempo que sea necesario, pues entre más íntima sea la relación con éste, más fuerte será la convicción respecto a su valía personal.
  • Compartir distintos aspectos de la vida con los hijos. A los pequeños les encanta escuchar anécdotas ocurridas a sus padres, y también les gusta que sus progenitores les lleven a sus lugares de trabajo o a los sitios que frecuentan con sus amistades. Estos aspectos favorecen que el niño se sienta importante en la vida de sus seres más queridos.
  • Solicitar ayuda y consejo a su hijo. El hecho de asignar responsabilidades al niño contribuye a desarrollar sentimiento de confianza y, además, si se consulta su opinión (la cual se solicita, mas no se exige) aumentará su sentido de valía personal.
  • Trasmitir mensajes verbales y no verbales coherentes. Los niños son muy sensibles al lenguaje gestual; por tal motivo, se debe tener en cuenta que la distancia física, la velocidad del habla y expresión facial sean coherentes con el mensaje que se transmite.
  • En cuanto a las actividades escolares, se evitará etiquetar a los niños como perezosos, “burros” o vagos. Asimismo, deben hacerse a un lado las comparaciones, castigos y críticas a los errores y “fracasos”, en tanto que se procurará enfatizar el valor de realizar un buen esfuerzo, sin importar tanto el resultado.

Por último, debemos recordar que el niño inseguro que no recibe atención adecuada tiene el riesgo de convertirse en un adolescente o adulto con problemas para defender sus derechos o expresar sus opiniones. Yendo más lejos, la baja autoestima se ha identificado como factor de influencia en el abuso de drogas, embarazos no deseados, depresión e incluso trastornos de la alimentación como anorexia (pérdida de peso por dejar de comer y someterse a intensas rutinas de ejercicio) o bulimia (episodios repetidos de excesivo consumo de alimentos seguidos de vómito o uso de laxantes). Por ello, no hay mejor recomendación que hacer lo posible por evitar riesgos desde temprana edad, y enriquecer la seguridad del chico.

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domingo, 11 de octubre de 2009

¿Por qué los niños mojan la cama?

Entiendo que los padres de niños que orinan en la cama estén preocupados y yo diría que algunos desquiciados con el problema. Eso de tener, todos los días, que levantarse en plena noche para cambiar las sábanas, el pijama del niño, etc., es algo que seguramente les quitan el sueño. Pero creo que lo peor es no saber el por qué el niño sigue mojando la cama.

Al principio, porque son pequeños, pero el tiempo va pasando y nada cambia. El niño sigue mojando la cama, noche tras noche, y hay incluso casos de que la situación no revierte ni cuando él empieza la adolescencia. Normalmente, los niños que mojan la cama de pequeños son capaces de dejar de hacerlo con el tiempo. No obstante, muchos mayores lo siguen haciéndolo.

Y aunque no entiendan los padres, ellos casi nunca mojan la cama a propósito, ni por placer, ni por contrariar o fastidiar a los padres, ni porque son perezosos. El problema de mojar la cama de los niños no representa un problema mental ni de aprendizaje.
Según los especialistas, el niño mayor puede orinarse en la cama o sufrir de enuresis, por algunos motivos:

- Cuando no consiguen despertarse cuando tienen la vejiga llena;
- Cuando producen mucha más orina mientras duerme, que otros niños;
- Cuando la vejiga de algunos niños tienen menos capacidad que la de los demás;
- Cuando pasaron o están pasando por alguna situación que alteró o altera su lado emocional

Es muy importante encontrar la causa por la que el niño moja la cama. Es importante para la familia y principalmente para él. Regañarle o castigarle por hacer pis en la cama no es una solución correcta. Eso solo empeoraría el problema, y añadiría otras molestias a las que el niño ya tiene. Podría causarle problemas emocionales serios, en su autoestima y seguridad. Lo mejor en estos casos es buscar ayuda médica de algún especialista, un urólogo, lo antes posible. Es necesario que se sepa que este es un problema que se puede superar y solucionar totalmente.

Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com

Más información

ENURESIS... Cuando los niños mojan la cama
Lo que usted debe saber si su hijo moja la cama


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domingo, 12 de abril de 2009

Materna : la primera comunidad virtual de madres en el Perú

Apareció la primera comunidad virtual de mamás en el Perú. Materna cuenta con herramientas variadas para tener una experiencia compartida por mujeres en la etapa del embarazo o con hijos hasta los ocho años. Uno de los fuertes de Materna es que la madre que se inscribe ingresa una serie de datos, por ejemplo, las semanas de embarazo que tiene o la edad precisas de sus niños. Así, recibirá a diario información específica de acuerdo a los intereses que demandan sus momentos de maternidad

Además, puede intercambiar opiniones con otras mujeres sobre distintos temas tratados por especialistas, y hasta compartir fotos y vídeos. Esta comunidad repite el exitoso modelo creado en Argentina, que ha reunido a 250 mil madres (es el cuarto sitio más visitado en ese país). "Apuntamos a ser el punto de referencia de la maternidad en el Perú. la naturaleza femenina hace que las madres cuenten lo que sienten, piensan y quieren, ese don de comunicación que las define garantiza una interacción constante y fluida", comenta Gonzalo Calmet, quien dirge junto con Alejandro Trípoli la comunidad.


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martes, 24 de marzo de 2009

¿Con quién dejamos a nuestros hijos?

Se requiere niñera: firme, respetable, nunca insensata. Una niñera debe ser un general (…). Debe dar órdenes. Sus herramientas deben ser la tradición, la disciplina y las normas". Con tan peculiar anuncio, Mr. Banks, el atribulado padre de la película Mary Poppins, pretende encontrar, después de ver a varias nannys huir en estampida, a una persona para "moldear a su progenie". Y es que, como él mismo dice, elegirla "es un asunto importante y delicado".

Las preocupaciones de Mr. Banks no son nada comparadas con las que hoy viven miles de parejas. La búsqueda de niñera ha dejado de ser un privilegio de la clase pudiente para convertirse en una necesidad acuciante de quienes compatibilizan la tarea de ser padres con la, a menudo, extensa jornada laboral. La canguro ya no es un parche gracias al cual los cónyuges pueden salir juntos una noche a la semana; es una pieza insustituible que les permite, sencillamente, ganarse el pan..., y con ello pagar la hipoteca, la gasolina y hasta a la propia niñera. En 2004, las 5.350.400 mujeres españolas que trabajan fuera de casa de entre 20 y 49 años tuvieron 240.600 hijos (del total de 416.518). A los cuatro meses, cuando la mayoría tiene que reincorporarse a su puesto, todas estas madres y sus parejas se plantean la gran pregunta: "¿Qué hacemos con él?". Según datos de Más Vida Red, firma que ofrece soluciones a las empresas para la conciliación de la vida familiar y laboral de los trabajadores (masvidared.com), unos 15.000 pequeños seguirán gozando de la compañía de sus madres, que pedirán una excedencia; 20.000 irán a una guardería; el resto, unos 200.000, quedarán encomendados a un tercero.

A veces, la cercanía de los abuelos, tíos, etcétera, hace posible que todo quede en casa, mejor dicho, en familia, pero, otras muchas, esta opción no existe.

Desde que tienen meses hasta bien entrada la edad escolar, miles de niños cuentan con una nanny que permite a sus atareados padres trabajar sin agobios. "En nuestro gremio, el del espectáculo, no tenemos ninguna posibilidad de acudir a una guardería: cuando vamos a trabajar es cuando las cierran. Para todos nosotros, tener una niñera no es un capricho; es una colaboradora que cubre nuestros horarios profesionales", comenta la actriz y productora Silvia Marsó. Desde hace más de dos años, Marsó tiene como colaboradora a Natalia, una ucraniana que hoy por hoy, le permite representar en el Teatro Infanta Isabel de Madrid Aquí no paga nadie con la tranquilidad de que su hijo David está en buenas manos.

Lo difícil es dar con la niñera —normalmente una mujer, que nos perdonen por el uso del femenino los pocos hombres que se dedican a este oficio— idónea. Tener la fortuna de cara o de espaldas es determinante. Carina Szpilka, directora general de Hipoteca Naranja de ING Direct, tuvo suerte. Primero porque su empresa se muestra "muy flexible" ante las necesidades familiares de sus empleados, y segundo, porque, a través de una recomendación, dio hace casi tres años con Blanca, una ecuatoriana que vive interna en su casa para ocuparse de sus tres hijas de cuatro, dos años y cinco meses. Tiene toda su confianza: "Por una parte es joven (22 años), con lo que puede seguir el ritmo de las niñas; por otra, posee sentido común y responsabilidad".

Otros, sin embargo, no han sido tan afortunados. "Volvimos pronto a casa y encontramos al niño gateando solo en el comedor, entre los enchufes, mientras la empleada que teníamos entonces cenaba en la cocina", relata Silvia Marsó, que ha visto pasar por su casa —y lo que es más importante, por su vida y la de su hijo— a más de 10 niñeras. "Otra se lo llevaba a un bar a ver a su novio", añade. ¿Asusta? En una simple charla en un parque infantil, la tempestad de quejas arrecia y, por cierto, tanto respecto a empleadas españolas como a extranjeras. Hay quien se pone a trabajar en esto sin saber hablar español. Y quien avisa un lunes de que el viernes deja el trabajo, es decir, al niño solo y a sus padres desesperados.

En Internet, más que en la prensa, se pueden encontrar miles de anuncios del tipo: "Deseo encontrar una persona a la que le gusten los niños y sea responsable" o —además de lo anterior, que es la petición más reiterada— "simpática y cariñosa. No fumadora". En ocasiones, el anuncio lo pone la propia niñera, en el supermercado, en la panadería... y, a veces, lo que funciona es el boca a boca. Gracia Pérez, madre de dos niños, Juan (4 años) y Candela (uno), ha probado ambos sistemas. Y ha tenido suerte: las dos mujeres que se ocupan de sus hijos, una por la mañana —a quien localizó por medio de un anuncio— y otra por la tarde —por familiares—, tienen toda su confianza. Pero eso no quita para que los primeros días le asaltaran las dudas. "El niño tenía cuatro meses. Dejas a un bebé con alguien de quien no sabes nada, le das la llave y te vas... Es imposible no sentir aprensión", rememora.

"Es muy difícil para las familias seleccionar a una persona", señala Alberto F. García-Francos, director de Más Vida Red. "Si se hace por una recomendación de amigos o familiares y tienes mucha, muchísima suerte, en cuatro o cinco días puedes tenerlo resuelto, pero la elegida cumplirá sólo el 20 ó 30% de tus expectativas iniciales, porque ha sido seleccionada para otra casa, para niños de otras edades o con otras necesidades", añade Moisés Correa, director del Centro de Selección y Colaboración (www.empleadosdomesticos.com), una empresa dedicada a reclutar personal doméstico.

Otra opción es recurrir, como hicieron Leire y su pareja, a una empresa especializada (eso sí, eligiéndola bien, porque, según las familias, algunas llegan a proponer candidatas en situación irregular). En este caso, la seguridad es mayor porque el personal cumple, de partida, unos mínimos. Si la empresa es seria, "en dos a tres días, a veces en menos, el problema puede estar resuelto", asegura Correa. Ahora bien, ya sea con uno u otro sistema, ¿cómo acertar?

Lo primero es tener claras las funciones de la niñera y qué actividades queremos que comparta con el niño. "Hay estudios que recomiendan que éste permanezca con alguno de sus padres los dos primeros años de vida, pero eso no quiere decir que tenga que estar las 24 horas con ellos", señala Elena Gradillas, directora de Miniclub.com, web que incluye un servicio (icanguro.com) que permite que padres y cuidadores entren en contacto. "Mi opinión es que la madre debe estar el máximo tiempo posible con el niño los primeros 12 meses, porque es completamente dependiente y necesita oír su voz, olerla, sentir su calor..., aunque una niñera puede ocuparse un par de horas de él para que ella descanse", añade.

Sin embargo, el permiso de maternidad tiene una fecha de caducidad bastante más acuciante: cuatro meses. Hay que confiar en alguien que debe asumir una tarea muy importante: estimularlo. No basta con que lo lave y le cambie los pañales, debe mantener una estrecha relación con él, poner mayor énfasis en desarrollar actividades que fomenten su inteligencia, pero también, en inculcarle rudimentos éticos, como la diferencia entre el bien y el mal. No cabe duda, pues, de que la labor de la niñera no es baladí: durante las horas que permanezca con él, será su principal referente.

Todo lo anterior justifica ser muy exigente. Primero, hay que comprobar que la niñera tiene la edad adecuada (no es recomendable por debajo de los 18, aunque lo esencial es su madurez), que maneje bien el idioma... En cuanto a su formación, "si el niño tiene menos de 2 años, es recomendable que haya estudiado Puericultura", señala Elena Gradillas, aunque otros expertos no lo creen estrictamente necesario. Depende, también, de cuánto queramos —podamos— gastar: unos 600 euros al mes por ocho horas diarias, si no tiene estudios específicos; unos 900, con ellos. Más, claro está, la seguridad social. "El 80% del personal que colocamos pertenece al primer grupo", apunta Moisés Correa.

Después de contrastar las referencias, llega el momento más importante: la entrevista personal. Cualidades necesarias como la iniciativa, la paciencia, la madurez, la actitud cariñosa, si trabaja en esto por obligación o por verdadera vocación... se verán allí. Es recomendable enfrentar a la potencial canguro, de sopetón, a casos concretos —"si el niño hace tal, ¿qué harías?"— y que, al final de la charla, sin previo aviso, los niños irrumpan en la estancia. Los padres se harán a un lado para observar qué ocurre, si los niños le gustan, si hace por ganárselos... Para Marga Valderas, madre de Laura, de 6 años, y los mellizos Daniel y Alba, de casi uno, ése fue el aspecto determinante a la hora de contratar a su actual niñera. El Centro de Selección y Colaboración le había ofrecido cuatro candidatas, pero a Yolanda, los pequeños la aceptaron de inmediato. Padres y madres deben desechar cualquier sentimiento de culpabilidad por tener que dejar al niño en manos ajenas. "Nosotros recomendamos a los padres estar el máximo tiempo posible con los niños y, en las horas que queden, combinar niñera y guardería, si el coste lo permite", señala el director de Más Vida Red. "Casi todas las madres sienten en algún momento celos de la niñera", cuenta Moisés Correa, "el niño da los primeros pasos y ella no está ahí... ¿Cómo abordarlo? Considerando que es buen síntoma que el hijo la quiera. Usando el móvil. Y haciendo que las horas que pasemos con él sean muy intensas", añade.

Ver para creer. Y llega la hora de formalizar la relación laboral. "Debemos contratar a la canguro antes de reincorporarnos al trabajo, para observarla unos días", afirma Nora Rodríguez, pedagoga y autora de varios libros, entre otros, Guerra en las aulas (Temas de hoy). Es lo que hizo Emilio Bringas, el padre de Darío, que el 1 de abril cumple 2 años. Su mujer, Abigail Blanco, se reincorporó antes a su puesto para que él pudiera tomarse un mes de permiso —algo que sólo hace un 1,52% de los hombres— para estar con María Elena, la niñera que acababan de contratar, y su hijo, y comprobar in situ cómo trabajaba.

Pero ojo, porque no es sólo la niñera quien tiene que satisfacer nuestras expectativas. Los padres, como empleadores, tienen unos deberes, que repercutirán, además, en el buen trabajo de aquélla. "Como cualquier otro trabajador, necesita estar motivada", recalca García-Francos. Y añade: "Necesita un salario digno, conforme a la ley, y también que la felicitemos, sentirse valorada, querida, algo que va a transmitir a nuestros hijos". Pero en este sector abunda la contratación irregular y el trabajo de inmigrantes sin papeles: en España, según datos de la Encuesta de Población Activa, hay unas 450.000 personas dedicadas al servicio doméstico, de las que sólo 180.000 están afiliadas a la Seguridad Social. Con la regularización de inmigrantes puesta en marcha por el Gobierno (finaliza el 7 de mayo) quizá esta situación cambie. Hasta ahora, era difícil para las familias sumergirse en el marasmo de papeles y trámites que conllevaba tener todo en regla, sobre todo cuando, al menos en las grandes ciudades, "escasea la oferta de personal en situación regular", explica García-Francos. Algunos padres se quejan de que, aun queriendo, no han podido resolverlo. Pero también es cierto que, en algunos casos, supone ahorrarse la seguridad social del empleado e incluso pagarle menos de lo estipulado. Obviamente, contratar a alguien ocho horas no es barato.

Sin un salario digno, es más que posible que nuestra niñera nos abandone pronto en busca de un trabajo mejor. Pero también puede ser que, simplemente, no nos convenza del todo o quizá cambie su residencia y ya no pueda hacerse cargo de nuestro hijo... Abundan las familias que han cambiado de niñera no una, sino dos, tres, y hasta 14 veces en un solo año. Para Nora Rodríguez, esto supone para el niño una pésima escuela emocional: "Si se cambia constantemente de canguro, los niños aprenden a tener vínculos débiles y creen que no hay que cuidarlos, algo que luego trasladan a sus relaciones. Yo lo relaciono, incluso, con la violencia", apunta.

Lo más importante, y vale la pena recordarlo, es que "ante cualquier signo de violencia —un simple chichón, por ejemplo— o de descuido, como un eccema en la zona de los pañales, hay que iniciar un proceso de vigilancia, nunca descartarlo, por muchas explicaciones que dé la niñera". En caso de duda, mejor cambiar.

Sin llegar a la psicosis, es recomendable, al principio del día, darle a la canguro instrucciones muy concretas —y en el caso de ser inmigrante, comprobar que lo entiende bien, por las diferencias culturales y de lenguaje— y verificar su cumplimiento. Al concluir su jornada es "casi obligatorio", según resalta Correa, preguntar a la niñera por cómo ha ido el día. Para paliar la inquietud, y ante cualquier duda, es recomendable utilizar tácticas como, por ejemplo, volver alguna vez a casa de improviso y con una buena excusa, claro.

Para terminar, la niñera no sólo debe convencer a los padres, sino también al niño. Los críos de Mr. Banks reelaboraron el anuncio de su padre, pidiendo una nanny alegre, dulce, guapa, que les diese dulces, que no les regañase... y hasta sin verrugas. No hay que exagerar, pero sí debe haber un sano equilibrio entre el gusto de los niños y la autoridad. Es más, la actitud de los pequeños hacia su cuidador es uno de los mejores síntomas de quién funciona y quién no. Lo relata Carina Szpilka: "Lo sabes ya desde la primera semana, según cómo veas a los niños, si tienen ganas de quedarse con ella, si juegan, si se ríen, si le obedecen...".

Belén López, profesional de la comunicación, despidió a su niñera precisamente el día que tenía concertada una entrevista para este reportaje. "Es necesario que se profesionalice, que exista un mecanismo que acredite que tienen unos conocimientos, unas prácticas, que les gustan los niños", reclama. Mientras tanto, sencillamente, "dejas al niño con alguien a quien acabas de conocer. Es muy agobiante; hay gente muy buena en esto, pero también hay gente que no lo es", concluye Marsó. Tanto ella como Gracia, Marga, Leire, Carina y Emilio respiran hoy tranquilos, confiados en quienes velan por sus hijos. Para el resto: suerte, padres.

Fuente : El Mundo

Ver más :

De madres y abuelas
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Cuando los dibujos de nuestros niños deben alarmarnos

La TV PARA PADRES, iniciativa de La Asociación Mundial de Educadores Infantiles AMEI - WAECE que, con el apoyo de GuiaInfantil, ha abierto una nueva ventana en la que padres, madres y educadores pueden asistir a vídeos con importantes consejos de educación infantil, y obtener las respuestas a las dudas que les preocupan principalmente en el inicio de la escolarización los niños.


Más vídeos :

¿Qué hacer cuando el niño no quiere estudiar? EducaKids.com

Educar en valores a los niños TV para Padres

Fuente : Youtube
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martes, 17 de febrero de 2009

Nuestros hijos son nuestro espejo



Entre las múltiples y variadas actividades, que ejercemos como padres, hay algunas que probablemente no sean visibles a nuestros ojos. Imagínense entonces que entre ellas existe una misteriosa y sutil tarea que nos convierte en “espejos” de dimensiones exageradas. Grandes espejos en los que nuestros hijos comienzan a verse “reflejados” de a poquito. Recomiendo leer
Tu hijo, tu espejo escrito por la psicóloga mexicana Martha Alicia Chávez

Estos espejos son la única forma de que ellos puedan empezar a reconocerse como personas separadas del resto. Ésta función maravillosa, ayuda a construir una identidad. Todo lo que nuestro niño sienta que él “es” provendrá de lo que pueda ver reflejado en estos espejos parentales.

Fíjense en lo importante de reconocer ésta función: estamos emitiendo imágenes todo el tiempo. Imágenes, que los niños, asumen como verdaderas y las toman, haciendo de ellas su identidad propia.


Al nacer, los pequeños, vienen con un equipaje incompleto. Hay algo que les falta y es su propio “yo”. El bebé no puede distinguir donde termina él y comienza una nueva persona, ni reconocerse como una personita a sí mismo.

Ésto es algo que el pequeño irá construyendo de a poquito. Para eso, los niños traen consigo un montón de herramientas y recursos que les aseguran poder armarse ese sentido del yo, propio de la especie humana.

Estas herramientas necesitan que se les preste una ayuda importantísima que provendrá del contacto con sus papás y con todos las demás personas significativas.

Para construir este sentido de sí mismo, todo niño comienza recibiendo impresiones desde los sentidos y más adelante desde las palabras.

Será a partir de cómo su mamá lo baña, lo sostiene, lo alimenta; que el bebé recibirá sensaciones corporales y comenzará a experimentar la aceptación o el rechazo. Según como sea tratado, el bebé irá formando impresiones sobre sí mismo.

No es lo mismo alimentar a un bebé, atentos a sus movimientos y necesidades; que sostenerlo sin dirigirle la mirada mientras se realiza otra tarea.

Los bebés con sus herramientas naturales perciben y comienzan a armar imágenes de sí acordes al trato que reciben. Los padres (funcionando como espejos) les indican cuán valiosos son.

Cuando los bebés hayan crecido lo suficiente, recibirán impresiones desde las palabras que les sean dirigidas. Así, el espejo funciona enviando señales que el niño capta inmediatamente y las hace “identidad”.

Si nombramos a nuestro hijo constantemente “terremoto” o “niño malo”, no es de extrañar que el niño se vea en ésta imagen que armamos para él, y la tome como identidad propia. Se sirve de nuestras palabras, y hace con ellas lo que le indican: se convierte en un niño terremoto y lo refuerza, hasta que se hace parte de sí. El espejo ha funcionado. Con palabras hicimos una imagen, y el niño no pudo sinó valerse de ella.

No olvidemos que como padres somos las personas más valiosas para nuestros hijos. De ahí, el gran poder de nuestro trato y palabras hacia ellos.
Por eso puede ser importante ver qué tipo de imágenes nos encontramos emitiendo. ¿Qué palabras usamos para definirlos más a menudo? ¿Cuál es nuestra forma más común de tratarlos: retos, castigos, palabras negativas, descalificaciones?

Como espejos y referentes tenemos responsabilidades ineludibles. Saber que los niños se constituyen como personas, tomando muchísima información de sus padres, nos pone alerta sobre nuestras funciones. Sabemos así de la importancia de hacerles llegar imágenes capaces de ser constructivas y enriquecedoras para su identidad, y no demoledoras ni arrasantes. De eso se trata: espejos capaces de reflejar niños con brillos.

Más información:

Tus hijos son tu espejo


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jueves, 5 de febrero de 2009

Consejos para seleccionar una niñera

Es una decisión muy importante tener que delegar en otra persona el cuidado de los hijos. Requiere una búsqueda y una seguridad en las condiciones que se consideren necesarias. Lo más complicado es encontrar la persona adecuada, la "niñera ideal". Hay que tener claro que será muy difícil encontrar a alguien que haga las cosas como las hacen los padres. Lo que sí deben comprobar es que exista una buena relación entre la cuidadora y el niño

¿Cómo identificar a una buena cuidadora?
1- Empieza la búsqueda cuanto antes. Hay que dedicarle tiempo. Entreviste personalmente a todas las candidatas a cuidadoras antes de tomar una decisión.

2- No es conveniente que la niñera tenga una edad inferior a los 18 años. Sería demasiado joven para tal compromiso. Si tu bebé tiene menos de dos años, es aconsejable que su cuidadora haya estudiado puericultura.

3- Puntualidad y responsabilidad deben ser condición básica.

4- Que tenga iniciativa cuánto a posibles problemas: fiebres, atragantamiento, caídas, etc. Plantéele una situación imaginaria de emergencia para ver cómo reaccionaría.

5- Es imprescindible que tenga experiencias anteriores y referencias. Conviene que quien cuide de su hijo tenga conocimientos demostrables en puericultura o educación infantil. No se fíe de las apariencias.

6- Durante la entrevista valore la iniciativa, la paciencia, la vocación, madurez y actitudes. Una buena cuidadora siempre priorizará los intereses y las necesidades del niño.

7- Tanto los bebés como los niños deben formar parte de la entrevista para que los padres puedan observa si existe complicidad afectiva en el contacto de la niñera con ellos.

8- Háblale sobre sus pautas educativas. Las niñeras que son todas sonrisas y halagos deben ser capaces también de imponer autoridad a través de los límites.

9- La relación entre madre y cuidadora ha de ser de cooperación y complicidad.

10- Confíe en su sentido común e intente transmitir seguridad al niño a la hora de dejarlo al cuidado de otra persona.

11- Establezca un período de adaptación o de prueba de, al menos, 15 días. Si es posible, pasen juntos algunas horas al principio.


¿Cómo identificar que algo va mal?
Los primeros síntomas de que algo no marcha bien son que el niño se torne muy llorón cuándo se acerca el momento de estar con la canguro. O se expresa con gestos o con palabras que no quiere estar ni ver a la canguro. Dependiendo de la edad, hay niños que dicen claramente: "Tú, no. Mi mamá. Tú, no...". Lo primero que hay que hacer es hablar con la canguro. Y pedir a alguien que los observe cuando están en el parque, por ejemplo. A veces se trata de una situación pasajera, de adaptación. Antes de tomar cualquier decisión, hay que esperar algún tiempo.
Aparte de eso, mantenga una comunicación constante con la cuidadora. Es necesario que observes cuáles son los progresos de tu hijo, qué te preocupa, y cómo se porta la cuidadora.


Más información :


¿Guardería o cuidadora?

Las 9 reglas de oro para seleccionar una buena niñera

Las 10 características más importantes para elegir guardería

Ventajas e inconvenientes de las guarderías y de las niñeras


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miércoles, 14 de enero de 2009

Para tener hijos felices...


No es una coincidencia que todas las religiones del mundo tengan en sus parábolas la idea de que una vez el hombre vivió en el Paraíso y de alguna manera, por alguna razón fue expulsado de él. Las personas inteligentes, sensibles, creativas siguen estando obsesionadas por el Paraíso que una vez se conoció y ahora permanece como una tenue memoria, un difícil creer.

La búsqueda del paraíso es nuevamente la búsqueda de la infancia : hacerse de nuevo un niño inocente, sin contaminar por los conocimientos, sin saber nada, todavía consciente de todo lo que nos rodea, con un profundo asombro y sentido del misterio.

No permitimos a nuestros hijos bailar, gritar saltar, por razones triviales, quizá puedan romper algo, quizá se les moje la ropa con la lluvia si corren en el exterior, por pequeñas cosas se destruye por completo una gran cualidad espiritual : la alegría.


El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un peligro potencial de rebelión. Si el niño continúa creciendo con total libertad, acabará siendo un rebelde.

El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. No se le podrá obligar a satisfacer los deseos incompletos y los anhelos de los padres. Vivirá su vida propia de acuerdo con sus deseos más íntimos, no de acuerdo a los ideales de otra persona.

No se le da una oportunidad a su naturaleza. Ese niño muerto en su interior destruye su sentido del humor : la vida en vez de expandirse, comienza a encogerse.

La vida debe ser, en cada momento, una creatividad preciosa. No importa lo que tu hijo crea, podrían ser sólo castillos en la arena, pero todo lo que hace debería salir de su capacidad de jugar y de su alegría.

· Enseñen a los niños a ser autosuficientes : a no depender de nadie.

· Dejen de influir en el niño. Sólo podemos hacerle como nosotros y nosotros no somos nada. Démosle una oportunidad de ser él mismo.

· No lo malcriemos.

· Si no interferimos en sus primeros años, a los 7 años lo tendrá todo tan claro que vivirá toda su vida sin ningún arrepentimiento.

· Hay que educar a los niños para que puedan hacer preguntas, y los padres no deberían responder esas preguntas a menos que realmente conocieran las respuestas. E incluso si las supiesen deberían decir como Buda solía decir a sus discípulos : !No creas lo que te digo, esa es mi experiencia, pero en el momento que te la cuento se vuelve falsa porque para ti no es una experiencia. Experimenta, pregunta, busca. A menos que tu mismo conozcas, tu conocimiento no sirve ; es peligroso. Un conocimiento prestado es una barrera.

· Los padres deben aprender el arte de no hacer . Es una arte muy difícil. Tiene que aprender a mantenerse alejados, fuera del camino del niño, no interferir. Tiene que ser muy valientes para eso, porque dejar al niño sólo, es arriesgado. Durante miles de años se nos ha dicho : si al niño se le deja sólo, será un salvaje. Tú no le puedes dar nada al niño, sólo puedes tomar. Si realmente quieres hacerle un regalo al niño, este es el único posible : no interfieras. Arriésgate y deja que el niño se adentre en lo desconocido, en lo inexplorado.

· Respeta a los niños, hazles intrépidos.

· Sólo puedes hacer una cosa con tus hijos : compartir tu propia vida. Cuéntales que tú has sido condicionado por tus padres, que has vivido en ciertos límites, de acuerdo a un cierto tipo de ideales, y por culpa de esos límites e ideales te has perdido completamente la vida, y que tu no quieres destruir la vida de ellos. Quieres que sean totalmente libres, libres de ti.

· Los padres necesitan un coraje y un amor inmensos para decir s a sus hijos :"No nos obedezcan, dependan de su propia inteligencia. Incluso si se equivocaran, es mucho mejor que seguir siendo esclavo y siempre hacerlo bien. Es mejor cometer errores y aprender de ellos que hacerle caso a alguien y no cometer errores. Pero no entonces nunca vas a aprender nada excepto a obedecer, y eso es veneno."

· Dile a tus hijos : "No hay nada malo en cometer errores. Comete todos los que puedas, porque es el modo en que más aprenderás. Pero no cometas el mismo error una y otra vez, porque eso te convierte en un estúpido".

· Si los padres aman a sus hijos les enseñarán a ser valientes, incluso en contra de ellos mismos. Le ayudarán a ser valiente en contra de los profesores, en contra de la sociedad, en contra de cualquiera que vaya a destruir su individualidad.

· Los niños deberían convivir, o por lo menos conocer a muchas personas. Diferentes personas aportan diferentes canciones, otros estilos de vida, traen diferentes brisas y los niños deben ser expuestos a tantos estilos de vida como sea posible, de modo que puedan escoger, de modo que tengan libertad para escoger.

Y se deben enriquecer conociendo a tantas mujeres que dejen de estar obsesionados con la cara de la madre o el estilo de la madre. Entonces serán capaces e amar a muchas más mujeres, a muchos más hombres. La vida será más una aventura.

La felicidad de nuestros hijos

No hay que estar demasiado ocupados en hacer feliz a los hijos y luego sentirse infeliz por fracasar en el intento. La infelicidad es contagiosa, es como una enfermedad. Si eres infeliz, todos los que están conectados contigo, en especial los niños, se sentirán muy infelices. Y los niños son muy sensitivos, muy frágiles, muy intuitivos, sienten las cosas inmediatamente.

Hasta una determinada edad los niños permanecen muy arraigados en ti y saben lo que está pasando.

Relájate un poco. Déjale que se mezcle con otros niños, déjale que juegue, y deja de hablar en términos de felicidad o infelicidad.

En vez e eso, se feliz. Viéndote feliz, ellos se sentirán felices.

El niño sólo es feliz cuando no es consciente de ello. La felicidad es algo muy sutil que sólo sucede cuando estás totalmente inmerso en otra cosa.

El niño está jugando y es feliz porque, en esos momentos, no sabe nada de sí mismo, ha desaparecido. La felicidad sólo existe cuando has desaparecido,. Cuando regresas la felicidad ha desaparecido.

A la felicidad no hay que buscarla directamente, haz cualquier cosa y la felicidad te sigue ; es una consecuencia, no un resultado.

Fuente :
Inteligencia Emocional



domingo, 11 de enero de 2009

Miedo por separación en los niños


El miedo por separación es aquel que sufren los niños cuando son separados, alejados de sus padres, familiares o personas ligadas afectivamente. Es uno de los temores más consolidados de la especie humana por su valor de supervivencia, ya que la soledad convierte a los niños en presas fáciles, con alto riego de perecer o sufrir algún percance. Prácticamente todos los niños sufren este tipo de ansiedad, es un fenómeno universal que también ha sido observado en otras especies.

Durante la infancia se presentan diferentes situaciones en las que se produce la separación involuntaria:

Escolarización
Trabajo de los padres
Hospitalización
Divorcio o separación
Muerte de los progenitores


La actitud de los padres es fundamental para la evolución del miedo a la separación. Aquellos que muestran ansiedad ante la separación de sus hijos acaban por contagiarles.

Los factores que influirán en el incremento de este tipo de ansiedad, tanto en su duración, intensidad como frecuencia son :


La edad del niño. Cuanta menos edad mayor ansiedad.
La calidad del vínculo entre la madre y el niño.
La naturaleza de la situación. Si la situación es impredecible e incontrolable y comporta cambios bruscos en el funcionamiento cotidiano del niño.
Las experiencias previas de separación.


Sobre los 6 meses comienza la ansiedad por separación manifestada por los bebés con llantos y gritos cuando los padres se alejan, con objeto de llamar su atención. En esta etapa, estas reacciones suelen ser menos específicas y diferenciadas a las figuras paternas produciéndose reacciones similares ante otras personas cuando se siente abandonado y solo. Cuando llegan a los dos años de edad el hecho de poder andar les permite expresar mejor su temor corriendo al lado de su madre en cuanto ésta se aleja. En este momento, el desarrollo cognitivo es mayor, permitiéndole ser su comportamiento más especifico y diferenciado estableciendo una relación estable con las figuras que lo cuidan y protegen.

El tipo de crianza determinara el inicio y duración de este tipo de ansiedad. En culturas en las que la relación madre-hijo es estrecha se manifestará antes y desaparecerá más tarde que en culturas con otras pautas de crianza.

Cuando la separación se prolonga por mucho tiempo se ha identificado tres fases por las que los niños suelen atravesar:

1 ª Fase de protesta, en la que el niño grita, llora y patalea buscando activamente a sus padres.

2ª Fase de desesperanza, el niño se muestra triste y retraído como habiendo perdido la esperanza de reencontrarse con la madre.

3ª Fase de desinterés o desapego, el niño parece haber olvidado a sus padres

Fuente :
Cyberpadres

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martes, 6 de enero de 2009

Ejercicios para ejercitar la inteligencia emocional

EXPRESAMOS SENTIMIENTOS
Es importante aprender a controlar nuestras emociones e impulsos. A través de un divertido juego intentaremos que los niños expresen sus reacciones ante diferentes situaciones e intentaremos valorar si son adecuadas o no. (Para niños de 5 años)
Vamos a aprender a identificar y expresar nuestros sentimientos. En concreto nos centraremos en la alegría, la tristeza y el enfado. Con un juego muy entretenido los alumnos descubrirán sus sentimientos ante determinadas situaciones. (Para niños de 4 años)
SENTIR-PENSAR
Conocerse es tomar conciencia de quién es uno, qué se siente y cómo expresa uno sus emociones. Constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. En esta actividad el alumno aprenderá a valorarse como un ser único y diferente a los demás. (para niños de 4 años)
Todos los seres humanos podemos molestar a las personas que queremos, perder el control y equivocarnos. Cuando esto ocurre, lo mejor es disculparse y reconocer el error que hemos cometido. En esta actividad los alumnos aprenderán a comprender la conveniencia de pedir disculpas cuando se ha cometido un error. (A partir de 3 años)
Cuando un niño es consciente de sus necesidades y las tiene cubiertas, puede entonces pensar en las necesidades de los demás y aprender a compartir. En esta actividad trabajaremos con los alumnos la capacidad de escucha y la importancia de comprender las necesidades de los demás. ( A partir de 3 años)
Es más fácil resolver un problema si se tiene una comprensión clara de en qué consiste el problema. Esto se consigue reuniendo datos y decidiendo cuáles son las necesidades de las personas que tienen el problema. En esta actividad los alumnos aprenderán a valorar la importancia de identificar con claridad los problemas.

El entierro del no puedo
Los pensamientos y deseos dirigen nuestras acciones; de acuerdo con lo que pensamos, así sentimos, decimos y hacemos. En esta actividad ayudaremos a los alumnos a tomar conciencia de los pensamientos negativos que tienen y las frases negativas que utilizan.

Escucho como suena
Es necesario que los niños, desde muy pequeños, aprendan a escuchar, que tomen conciencia del medio ambiente sonoro, de los sonidos que nos rodean y que forman parte de nuestro entorno habitual. A través de la escucha conocen a los demás y conocen el mundo.

Fuente :
Orientandu


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domingo, 26 de octubre de 2008

Consejos para criar a un niño seguro de sí mismo

ePara formar la confianza en sí mismo de un niño, juegan un rol importante los padres, familiares y personas cercanas a él, un niño que se siente protegido y guiado será un niño seguro en sí mismo; es muy diferente un niño que tiene a mamá o a la nana como un esclavo que debe seguirlo, acompañarlo en cada movimiento que realizan y hacerles todo lo que quieren, hasta aquella torre del bloques que el niño no puede hacer solo.

Cuando se sobreprotege a los niños lo único que se consigue es crear dependencia del niño hacia el adulto (padres, nana, etc.), no tolerará quedarse solo, no podrá jugar solo, no podrá hacer sus cosas e inclusive jugar sin la ayuda de un adulto, y cuando tenga que hacerlo llorará y se angustiará mucho.

Si se deja al niño vivir sus experiencias con una supervisión moderada, el niño adquirirá la seguridad que le permitirá desenvolverse sin necesidad de tener a alguien “pegado” a él, sin temor a quedarse solo; un claro ejemplo es cuando el niño es capaz de dejarlo salir de casa sin quedarse llorando desconsoladamente y más bien que el niño se pueda despedir de usted. Los padres deben dirigir al niño, llevarlo a lugares novedosos e interesantes, alabarlo cuando consiguen una meta, incentivarlo a compartir con otros niños, consolarlo cuando fracasan y darle ánimo para seguir intentando.

Al corregir al niño no se le debe amenazar con castigos que le den temor “si sales a la calle te va a llevar el loco”, “si te portas mal te voy a regalar”, “si te despiertas de noche te va a comer el cuco”, “si no obedeces me voy a ir de la casa”, son amenazas que sólo traen como consecuencia herir al niño volviéndolo temeroso.

Nunca se debe ridiculizar o avergonzar a un niño, “los niños no lloran”, “qué feo estás hoy”, “mira que vergüenza de trabajo” son frases que no se deben decir; la actitud debe ser positiva, si el niño llora se le debe de abrazar, dejarlo llorar un momento y tratar de consolarlo, siempre se debe averiguar qué es lo que está causando el llanto o algún comportamiento malo.

Siempre se debe preparar al niño para lo que vendrá, si toca la vacuna se le debe decir claramente que le dolerá pero que pronto pasará, si usted va a salir a la calle debe decirle que va a salir y que regresará a determinada hora o al anochecer, de ninguna manera lo engañe diciéndole que no le dolerá o saliendo a escondidas porque sólo conseguirá que él no confíe en usted, la persona más importante en su vida.

Y sobretodo, el niño necesita de mucho cariño, amor, que se demuestra con palabras, acciones, caricias; no nos cuesta nada hacerlo pero los beneficios son muchos. Algunas acciones a tomar podrían ser :

“Elogio cosas específicas”
“Elogie el comportamiento que usted quiere que se repita; por ejemplo: ‘Qué bien que has prestado atención’, o ‘gracias por haber hecho enseguida lo que te pedí’”, dice la terapeuta Mary Linscomb. “Esto también (aumenta las posibilidades de que los niños) obedezcan en el futuro”. Sin embargo, decirle a los niños que son listos, en general, puede crear temor al fracaso o hacerles dudar a la hora de emprender nuevas actividades, añade Joelle Vessels, directora de Children and Family Services en el condado de Ventura.

“Es tan importante elogiar cosas específicas que hace mi hijo”, dice Brigid Gaffikin—madre de dos niños en San Francisco—”y alentarlo sin desvirtuar el significado del elogio. Así, si él juega bien con otros niños le agradecemos por ser considerado y atento, y por compartir. Somos específicos [para dejar claro] de qué estamos orgullosos en particular. ¡No voy a decir ‘buen trabajo!’ cada vez que termina el desayuno o sube la escalera de cuerdas en el patio de juegos”, agrega.

“Trato de ayudar a Kelly y Christopher a sentirse bien con ellos mismos haciéndoles preguntas: “¿Qué te parece el dibujo que has hecho?” O, por ejemplo, “parece que estás muy orgulloso de cómo has jugado hoy”, dice Philpott. Estas preguntas “hace que miren hacia sí mismos y eso tienen un valor incalculable”, agrega.

“Hablo con ella mientras voy haciendo las cosas”
Cuando su hija Ainsley jugaba a un juego de ‘ir al parque’, la madre de San Carlos Jenny Waddell se dio cuenta de que el juego “sólo copia lo que hacemos en la vida real cuando vamos al parque, excepto que ella es la mamá y yo soy la niña. Esto me mostró realmente que ella lo está observando todo. Desde cepillarme los dientes hasta vestirme, hablo con ella mientras voy haciendo las cosas para ayudarle a entender qué estoy haciendo y por qué”.

Bernadette Shu, madre de dos niños en Belmont, alienta a su hijo a probar nuevas actividades preguntándole: “‘Andrew, ¿qué ves? ¿Qué es esto?’ Si él no contesta le explico y añado comentarios como ‘¡es divertido! o ¡uh, mira eso!’ Entonces le pregunto si quiere intentarlo”. Shu también hace referencia a algún libro que hayan leído sobre esa actividad y a veces participa hasta que él se sienta cómodo solo.

Vessels sugiere que los padres se hagan eco de lo que el niño dice o hace. Por ejemplo, cuando un niño dice: “Mi perrito se está divirtiendo con el animal de peluche de Billy”, los padres pueden decir: “¡Oh, mira, tu perrito está divirtiéndose con el animal de peluche de Billy”. O, también, si el niño está haciendo galopar un caballo de plástico sobre la mesa el padre puede agarrar un caballo similar y hacer que galope”. Esto hace que los niños se sientan escuchados y valorados, agrega.

“Está bien cometer errores”
“Dejamos que Dominic y Vincent prueben las cosas de principio a fin”, explica Julie Agrella, madre de dos gemelos de cuatro años en Elk Grove. “Sabemos que van a cometer errores—así es como aprenden—pero es nuestro trabajo hacerles saber que está bien frustrarse y que no consigan que les salga bien la primera vez. Si jugamos con un rompecabezas y veo que comienzan a sentirse (realmente) frustrados, hablo con ellos a medida que vamos haciendo el rompecabezas”.

“Si Andrew sufre un accidente de hacerse pis encima me mira con cara de decepción”, dice Shu. “Aceptar sus errores no es fácil para él, por eso le estoy enseñando que cometer errores está bien. Trato mis propios errores con un simple “oh oh, Spaghettio” y luego explico en voz alta como podría enmendar el error. Le pregunto si él tiene alguna idea y disfruta ayudándome a solucionar mi problema”.

Shu ayuda a Andrew a usar este proceso cuando el niño se topa con algún problema, ya sea una pieza del rompecabezas que no encaja o dificultad para identificar las letras. “Cuando Andrew oye que le digo: ‘Sé que puedes hacerlo’ se le forma una sonrisa y su frustración se desvanece”, añade.

“Eso les enseña a compartir”
Agrella trata de celebrar los puntos fuertes de cada niño en vez de hacerles sentir que compiten el uno con el otro. “Es difícil con gemelos porque siempre se les está comparando”, dice.

“A uno le encanta el béisbol, al otro le encanta el golf, pero siempre jugamos a ambos juegos en familia”, dice ella. “Se frustran con facilidad, pero esto les enseña a compartir su tiempo y a intentar algo que no se les da tan fácilmente. Los alentamos durante todo el proceso”. Ella y su marido se ponen el uno al otro como ejemplo con cosas como: “Mira la manera en que mamá corre de base a base”. Así no están comparando a un gemelo con el otro, añade.

“Apóyese en la solidez de la familia”
“En la cultura latina”, dice Katie Stokes-Guinan, de Grail Family Services en San José, “hay una gran soli-dez en los lazos familiares y respeto por los mayores. Saber que hay tantas personas detrás de tí fomenta la confianza”.

Lalaine Frankel, madre de cuatro niños, maestra y educadora de padres en Little Hands en Belmont, dice que sus niños hacen tareas domésticas simples como poner la mesa y sacar la basura. Así, añade, los niños sienten la satisfacción de contribuir a la familia.

Ayude a los niños a que sientan que tienen algo de control
“Recuerdo a Tobin viniéndose abajo”, dice Gaffikin, “una vez que hice que se diera prisa para bajarse del autobús mientras estaba entretenido con otra cosa. Ahora le digo que cuando salte la alarma, en dos minutos, es tiempo para el baño”. Gaffikin dice que estas advertencias ayudan a Tobin a sentir un poco de control sobre su entorno.

Waddell asigna tiempo extra para que Ainsley se ponga los zapatos. Ella aún tiene que atárselos, pero espera “a intervenir hasta que Ainsley me pida ayuda”, dice.

Fuente :

4children.org

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