jueves, 26 de abril de 2012

Accidentes de niños en el hogar: caídas y golpes en la cabeza

Los accidentes infantiles en el hogar son más frecuentes de lo que podemos imaginar, especialmente en los niños menores de 5 años y, sobre todo, los comprendidos entre 1 y 3 años de edad. Los más frecuentes, son las caídas y golpes. La gravedad depende de la violencia del impacto. Los golpes pueden producirse por caídas o contusiones directas. Siendo la zona más afectada, la cabeza. Es muy importante si se vive en pisos altos, contar con redes de protección en balcones y ventanas. ¿Qué hacer inmediatamente? Aunque la lesión no sea, a simple vista, muy importante, en caso de producirse hinchazón acompañado de dolor o no, se deberá administrar preferentemente un antiinflamatorio (Ibuprofeno) o un analgésico (Paracetamol). La dosis ingerida será la adecuada al peso del niño. 

Si hay herida abierta: 

-Limpiaremos bien la herida con suero fisiológico estéril “a chorro” y, en caso de no disponer de él, aplicaremos directamente agua. 
-Si persiste la hemorragia: presionaremos la zona con gasas estériles hasta que deje de brotar sangre. 
-Si la herida es superficial: aplicaremos un antiséptico local tales como soluciones iodadas, mercromina o clorhexidina. 

Si hay hinchazón (y no herida abierta): 

-Aplicaremos frío localmente (en forma de hielo o en bolsas frías) lo más pronto posible pero nunca directamente sobre la piel. Así pues, el frío lo podemos cubrir con una bolsa de plástico o con una toalla. El tiempo estimado de aplicación será de unos 10 minutos, retirándolo cada 2 ó 3 minutos. Eso sí, manteniendo la zona afectada en alto. 
-Si se aprecia una deformidad en la zona con dolor severo al mínimo movimiento, se tratará de inmovilizar la parte afectada, acudiendo de inmediato a un centro médico. 
-Después de producirse un golpe en la cabeza poco importante, se deberá realizar una vigilancia domiciliaria estrecha durante 24 horas, incluso despertando al niño por la noche. Será totalmente normal la sensación de susto; puede tener, incluso, algún vómito esporádico o que se queje de un dolor de cabeza ligero. 

¿Cuándo acudir a un centro médico? 

Tras un golpe en las extremidades se debe consultar si existe:
 -Hinchazón o hematomas que dificulten el movimiento y no mejoran pasados unos minutos. 
-Imposibilidad para movilizar la parte afectada. Tras un golpe en la cabeza se debe consultar si aparece: -Dolor de cabeza, nerviosismo o llanto intenso y persistente.
-Vómito continuado varias horas después de la caída o del golpe. 
-Salida de sangre o de un líquido claro por los orificios nasales o por los oídos. 
-Desorientación en el niño, confusión, aturdimiento, signos de no reconocimiento de los familiares próximos o de falta de ubicación,… 
 -Alteración del equilibrio, de la visión, de la forma de hablar, de la forma de andar,… 
-Algún movimiento extraño, incapacidad para moverse o pérdida de fuerza en las extremidades superiores o inferiores.

Golpes en la cabeza  : ¿Qué debemos saber?
  • Cuando un niño se da un golpe en la cabeza debemos vigilar su estado durante 24 horas o, mejor aún, durante las siguientes 72 horas.
  • Ante cualquier síntoma o comportamiento fuera de lo normal hay que ir al médico. También se debe acudir a él si el niño sufre una pérdida de conocimiento, por breve que sea.
  • Cuando se produce un trauma craneal también puede haber lesiones en las cervicales.
  • Es falso que no se deba dejar dormir a un niño por la noche si se ha dado un golpe en la cabeza. Lo más indicado es despertarle cada dos o tres horas para comprobar que se espabila y responde de una manera normal.
  • Después de darse un golpe en la cabeza el pequeño puede y debe seguir con su actividad habitual, esto es, dormir, comer y jugar a las horas que acostumbra a hacerlo. Es algo totalmente normal que se encuentre un poco abatido.

Diferentes tipos de golpes en la cabeza

Golpe con corte y herida
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- Como el niño sangra es importante observar si tiene cuerpos extraños incrustados y si los huesos ceden al tacto; en esos casos, no hay que tocar la herida y acudir a urgencias.
- Si tiene un corte en la piel, lavarlo bajo el grifo, presionar la herida con una gasa (detiene la hemorragia) y aplicar hielo envuelto en un paño.
- En el caso de que la herida sea profunda y grande y pueda necesitar una sutura, ir al centro sanitario antes de cuatro horas.



Si se ha hecho un chichón…

salud_golpecabeza_366_2.jpg Es normal que el niño sienta dolor de cabeza. La forma de actuar es la siguiente:
- Aplicar frío local con hielo envuelto en un paño y darle un analgésico.
- Observar si el chichón va a más, se hace largo o blando; en ese caso habría que 
ir a un centro sanitario lo antes posible.






Hay un moratón sin herida

salud_golpecabeza_366_3.jpgEn este caso también es común que el pequeño sienta dolor de cabeza. Para evitarlo es importante aplicar frío con hielo envuelto en un paño y darle un analgésico suave.
Es importante comprobar que el morado y el dolor se reducen. Si vemos que aumentan, debemos llevar al niño a urgencias.





¿Qué es una conmoción cerebral?

  • Se trata de un movimiento del cerebro dentro del cráneo. Produce una leve pérdida de conciencia o de memoria, a veces de muy pocos segundos, incluso puede pasar inadvertida. Además, el pequeño puede tener atontamiento, somnolencia, vómitos repetitivos, dolor de cabeza, irritabilidad, pero debe responder a los estímulos cada vez mejor.
  • Aunque el niño se despierte enseguida, debe examinarlo un médico 
para descartar que no tiene lesiones internas de ningún tipo.

¿Cuándo podría haberse producido una fractura del cráneo?

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El niño sangra por el oído o la nariz (sin haberse dado el golpe en esa zona), se le ponen los ojos morados, tiene un hematoma de gran tamaño, o un chichón raro que crece, los huesos de la cabeza ceden al tacto, tiene vómitos sanguinolentos y su conducta es anormal: está desorientado, no habla bien.

¿Qué hacer en este caso?

- Observar el estado del niño: si tiene somnolencia, vómitos, irritabilidad o cualquier otro síntoma de conmoción cerebral.
- Llamar a urgencias.
- Si en urgencias nos lo indican, aplicar frío local (unos cubitos de hielo envueltos en un paño) sin apretar.

Debemos ir a urgencias cuando…

Hay que llamar a Urgencias de inmediato si después del golpe en la cabeza el niño tiene:
  • Pérdida de conciencia.
  • Atontamiento, somnoliencia o responde cada vez peor a los estímulos.
  • Vómitos repetitivos.
  • Asimetría de pupilas.
  • Convulsiones.

El bebé se da un golpe en la cabeza

salud_golpecabeza_366_5.jpg Un golpe en la cabeza debe alertarnos porque los huesos del cráneo son muy blandos y aún no se han cerrado. Se debe consultar al médico antes de las 24 horas. Si aparece alguno de los siguientes síntomas, hay que dirigirse a urgencias:
- Pérdida de conocimiento.
- Vómitos.
- Irritabilidad.
- Tendencia al sueño.
- Un hematoma blandito, que va creciendo.
- Respiración más rápida de lo normal o quejosa.


Autora: Anna T. Farrán.
Asesor: Abel Martínez Mejías, pediatra instructor de reanimación cardiopulmonar y formador del Área de Salud de la Cruz Roja.


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viernes, 27 de enero de 2012

Como influyen los padres en los procesos de elección de sus hijos.

Un día estaba paseando con mi hijo, que en ese momento tenía un año y medio de edad, y una amiga. Entre las actividades del paseo entramos en un kiosco y yo le pregunté a mi hijo: ¿quieres un sándwich o galletitas?. Mi amiga miró con un gesto de sorpresa, suponiendo que no habría respuesta. El niño, en su media lengua, dijo: - Galletitas.- ¿Y qué jugo quieres? (mi amiga nuevamente observó sorprendida la escena). Mi hijo se acercó al expendedor y señaló la que quería. Más tarde mi amiga me preguntó por qué lo hacía elegir todas esas cosas.¿Y por qué no? 

Este relato puede parecer muy poco importante, hasta tonto. Sin embargo tiene que ver con una de las cuestiones fundamentales de la vida: elegir.¿Cómo se forma la capacidad de elegir en una persona? Como casi todas las cosas: practicando. Es un aprendizaje. Elegir implica un derecho y una responsabilidad. Implica también confianza, madurez, duelo por lo que no se ha elegido.A veces cuesta mucho a los padres incentivar a que sus hijos aprendan a elegir. Por muchos motivos. Por empezar hay que darse tiempo para enseñar a elegir, y dar tiempo para que el otro lo aprenda, suavemente, sin apuros. También hay que confiar. Muchas veces para los padres es difícil darnos cuenta de cómo crecen nuestros hijos. Sorprenden continuamente. A veces uno no los “mira” durante un tiempo (esa mirada especial dirigida a sus aprendizajes, sus cambios, etc.), y cuando vuelve a fijar sus ojos y todos sus sentidos sobre él no puede creer lo que está viendo. Entonces aparece una palabra, un gesto, una decisión, una actitud, que nos deja perplejos, y nos hace pensar: “¡Yo no sabía que mi hijo podía decir o hacer algo así!”Esto pasa muy seguido con las elecciones. 

Los padres suponemos (y damos demasiado por seguro, a veces), que nosotros podemos elegir por él, y que lo haremos mejor. Claro que esto es más o menos así cuando son muy chiquitos. Pero cuando van creciendo no siempre estamos a la altura de esa circunstancia y nos quedamos con la idea de que nosotros tomaremos las decisiones por él mejor que él, que nosotros sabemos, aún mejor que él, qué le pasa, qué siente, qué necesita, qué le interesa, qué desea. Y... el tiempo ya pasó (a veces mucho más de la cuenta) y el pequeño niñito ya se convirtió, o se está convirtiendo en un hombre o en una mujer, en la lucha, igual que nosotros. A veces está pidiendo por todos los medios a su alcance que nos demos cuenta de eso, y que confiemos en él, que lo dejemos tomar sus propias decisiones, que paremos un poquito y, simplemente, lo dejemos ser, y volver a sorprendernos, otra vez, como cuando dio sus primeros pasitos, o dijo las primeras palabras. La misma emoción nos envolverá si ahora, nos detenemos y simplemente lo observamos y confiamos. Claro que cometerá errores, que tendrá muchísimo para aprender, pero ¿nosotros no?Otras veces, tristemente, el pequeño o ya joven sujeto quedó tan atrapado en la errónea creencia de que los demás sabrán absolutamente más que él acerca de su propia existencia, de lo que quiere, de lo que le “conviene”, que ni siquiera se plantea la posibilidad de elegir. Triste y pasivamente trata de adivinar lo que quienes siempre han decidido por él opinarían. No sabe del placer de tomar decisiones y la felicidad de llevarlas a cabo, ni conoce el mar de aprendizaje que sobreviene a la tristeza cuando uno se equivoca.No hace falta esperar mucho tiempo para empezar a practicar esto: lo que se aprende desde muy chiquito se internaliza mejor. 

Démosle siempre la oportunidad de hacer y rehacer, de elegir, inclusive de equivocarse, aunque el corazón se nos agriete dolorosamente cuando vemos que sufre. No obstaculicemos su crecimiento ofreciendo siempre la posibilidad de quedarse con todas las opciones, aunque nos fuera posible. No olvidemos que en algún momento, tarde o temprano, esto estará fuera de nuestro alcance. Enseñémosle a hacerse cargo de sus decisiones. Que lo viva. Que sepa que cuando elige, algo de lo no elegido a veces duele y clama.También, y fundamentalmente, es una cuestión de respeto. Respeto por la vida. No es raro escuchar a los padres decir: “¡Pero si yo doy la vida por él (o ella)! No vale dar la vida por ellos, vale diferenciar cuál es mi vida y cuál la suya. Reconocer los límites. Dar la vida a un ser no es tener dos vidas propias. Es tener suficiente amor y generosidad para regalarle la vida. A los hijos se los puede educar, proteger, amar, pero hay que “darles la vida”. Esto implica no sólo engendrarlos (o adoptarlos), sino además aceptar que es “su” vida, y regalársela sin condiciones para que ellos puedan apropiarse de su vida sin deudas. No quitarles pedacitos de esa vida para hacer en ella lo que no pudimos hacer en la nuestra, para saldar nuestras cuentas pendientes con nosotros mismos y con los demás.Así de simple, y así de complicado: enseñar a elegir, aprendiendo a dar la vida.

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jueves, 12 de enero de 2012

A mi hijo le duelen las piernas en la noche

¿Tu hijo está dando el estirón? Entonces es posible que tenga los típicos dolores de crecimiento. Aunque no son síntomas de ninguna enfermedad, sí resultan bastante molestos. Descubre cómo reconocerlos y aliviarlos.

Los dolores del crecimiento son bastante frecuentes entre los niños de 4 a 8 años –afectan a más del 30% de este grupo de edad- y se localizan en sus miembros inferiores, sobre todo en los muslos y pantorrillas. A pesar de que son benignos, de que no son un síntoma de ninguna enfermedad y de que desaparecen de forma espontánea cuando el pequeño cumple 8 o 9 años, crean bastante ansiedad en los padres, que no saben qué le ocurre a su hijo.

 El dolor de crecimiento es común durante las edades de 4 años en adelante. Aunque tu hijo se queje del dolor de piernas puede ser que también le duelan otras partes del cuerpo. A los niños les fascina brincar, saltar, correr y hacer muchas otras actividades físicas fuertes, éste esfuerzo físico también causa que las piernas le duelan más. Estos dolores en su cuerpo irán disminuyendo durante su crecimiento hasta desaparecer en la adolescencia



Cómo reconocerlos

*Se cree que al crecer, los huesos provocan tensión en los músculos y en los tendones. Su aparición, muy intermitente, suele coincidir con los picos en el desarrollo físico de los niños o, lo que es lo mismo, con los famosos “estirones”.

*Los dolores de crecimiento presentan algunas características que pueden ayudarte a reconocerlos:

*Son intermitentes, pueden aparecer una noche y desaparecer después durante varias semanas o, incluso, meses.

*El dolor no se localiza en un punto concreto, aunque se da siempre en los miembros inferiores. Es más bien difuso y cambiante, por ejemplo, un día afecta a la pantorrilla derecha y al siguiente, al muslo izquierdo.

*Surgen por la noche o a última hora de la tarde, nunca por la mañana.

*No se acompañan de otros síntomas –como enrojecimiento o inflamación de la zona dolorida- y tampoco obligan al niño a cojear ni le impiden mover las extremidades libremente.

*En general, responden bien al tratamiento y se logra un gran alivio pasados unos 10 o 15 minutos.

*Los dolores de crecimiento mejoran con la aplicación de calor local en la zona afectada y los masajes. También el pediatra puede considerar necesaria la administración de analgésicos o antiinflamatorios.

*La duración del dolor puede variar entre los 30 minutos a una hora. Frecuentemente el dolor se agudiza al momento de acostarse o en la mañana, ya que el cuerpo está descansado y los músculos comienzan a relajarse. El dolor no causa fiebre, escalofríos, enrojecimiento, hinchazón o cojera. Por tal razón, si tu niño presenta algunos de los siguientes síntomas debes consultar con su médico para una evaluación:

Dolor intenso en un área específica que no le permite dormir. El médico podría recomendarle exámenes de laboratorio o una radiografía para descartar la posibilidad de infección o tumor.
No poder sostener el peso de su cuerpo con sus piernas o está cojeando. Si el área está roja e hinchada, puede ser alguna fractura o infección.
Dolor en el área de las coyunturas e hinchazón. Podría estar padeciendo artritis reumatoide juvenil.
Dolor alrededor o en la área de las caderas, las rodillas y si éste le impide caminar o estar de pie por mucho tiempo. El médico podría recomendarle unas radiografías para descartar la posibilidad de "Legg-Calve-Perthes", condición que afecta la coyuntura de la cadera.

Ejercicio, ¿bueno o malo?

Hay un tipo de ejercicio que puede mejorar o prevenir la aparición de las molestias. Son los estiramientos musculares, que los padres pueden realizar a sus hijos antes de acostarlos y tras la práctica de deporte. Debes hacerlo mientras está tumbado, flexionando y estirando sus rodillas y tobillos. 

¿Qué puedes hacer para aliviar los dolores?
Dale acetaminofén o ibuprofen, verificando la dosis adecuada de acuerdo a su edad.
Aplícale unas compresas de calor en el área con dolor durante 10 minutos.

Fuente :


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